El restaurante Chapapote, dirigido por diez chefs de Portonovo, tiene seis tenedores y ocho cucharas. No es para menos, sus menús alimentan con fundamento a una marea humana
28 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«¡Aí veñen as fisioterapeutas!». Desilusión. Dos curiosas periodistas vienen a indagar entre fogones los entresijos de los pucheros. Mari Pili, la mujer del patrón mayor de la cofradía de Portonovo, sale presta a la conversación, mientras un cocinero les reprocha entre comillas que ella y sus compañeras le están quitando el protagonismo a la mismísima Belén Esteban en las revistas del cuore. ¡Casi ná! Las diez chefs del restaurante Chapapote -el comedor de campaña instalado en la nave de rederas del puerto- han compartido en las últimas semanas las páginas de Lecturas, Pronto y Semana con princesas o con actrices de cuello de goma. «Sólo nos falta ir al plató de María Teresa Campos -añade Mari Pili-, porque en Crónicas Marcianas no vamos a competir con Matamoros». Se lo toman con humor. A las doce de la mañana el trabajo aún no es duro. Unos cafés con pastas por aquí, un cola-cao por allá, o algún vinito que otro, que estamos en puerto de mar. Han pasado ya muchos días desde el fatídico 13-N. Pero aquí el ánimo no decae. Ni el desastre ha llegado a los extremos de las costas del norte ni se sienten solas. «La verdad -explica la mujer del patrón- es que tenemos mucho que agradecer a los voluntarios. Se está volcando toda España. No creí yo que quisiesen tanto a Galicia. Te emociona». Pero ellas corresponden con nivel. Hasta en sus inicios, cuando repartían bocadillos, lo hacían calentando el pan previamente. «Ahora se come caliente». El menú que ofrecen a diario, comida y cena, es digno de la guía Michelín. Sopa, lentejas y caldo, de entrante. «Hay que entrar en calor». ¿Y para seguir?: Carne guisada con macarrones, pollo a la plancha, chipirones con arroz, lomo, sanjacobos, bacalao a la plancha... Hasta cinco plantos para elegir. De postre, ¡para chuparse los dedos! Anoten: tartas de queso, de yogur, manzana, de fresa, mousse de limón, púding y... ¡peras al vino! «En casa están contentas porque aquí les hacemos recoger los platos»», ahí, «pero también nos dicen que les vamos a malacostumbrar», porque en O Chapapote se come con fundamento y con perejil. Un marinero que deambula por la nave lo corrobora. -¿Dónde se come mejor, en casa o aquí? -Eu penso que aquí. La nave parece más un comedor de las Naciones Unidas que una instalación portuaria. En ella comparten mesa y mantel voluntarios de Tenerife, Canadá, de León... con los marineros de retén, las chicas de la Cruz Roja -«¡que mira que son guapas», las piropea otro lobo de mar-, los chóferes de las grúas... En definitiva cualquier currante de la marea negra tiene un plato y además delicioso. Porque no se acaba aquí la lista de delicatessen. En el horno esperan agujas rellenas de espinacas, empanada... Los restaurantes de la zona, los hoteles y, hasta casas particulares, no sólo les han donado el material de cocina, de alta tecnología, sino que también les llevan algunos platillos preparados. Rafael, el de Risón, les prepara los postres, por citar a algún virtuoso de los fogones. Su trabajo empieza con el día. Llegan a las siete de la mañana y abre siempre la mujer del patrón. Aunque se turnan entre las diez, la mayor parte de las veces coinciden todas hasta las diez u once de la noche que cierra el comedor. Musas Además de Mari Pili Guiance, una mujer dicharachera y muy simpática, colaboran en este comedor una de sus hijas y otras compañaras, la mayoría, como ellas, vendedoras de pescado. María Lucía Aboal, Lola Galiñanes, Ana Lima, Dora Deza, Carmen Fontán y sus dos hijas, Piliña y Vanesa son algunas de las musas del patrón mayor, Alfonso Troncoso, que les ha dedicado unas rimas: «Galicia ten negras algunhas rías/nós case que somos felices/pois temos a vosa alegría/todos los días... Non sei se foi Deus ou o destiño/pois as mulleres máis guapas/de todo Portonovo/están neste currunchiño.» Ellas también son agradecidas con la generosidad de otros. «Queremos dar las gracias a todas las empresas, mira, algunas nos envían las cosas en palés, no en cajas». Hasta de Lalín llegaron cuatro terneros y queso en abundancia. El fiambre es uno de los productos más demandados. Hay días que llegan a preparar hasta 1.100 bocadillos «y por eso, cuando la cosa se pone mal, nos hace falta mucho embutido». Tras un café con pastas, llega la hora de la despedida. La cámara falló. Habrá que volver. A ver si para entonces estas mujeres, todo corazón, han vuelto a vender el pescado y a cocinarlo en su casa.