El colectivo vecinal pontevedrés presentó ayer el octavo cartel de la serie «Los perjuicios del acuerdo del acuartelamiento»
20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Veinticuatro horas después de celebrarse una manifestación que reunió en Pontevedra a más de trescientas personas que denunciaron el olvido al que está sometido el barrio de Campolongo, Félix Gende lamenta que ninguna administración se hubiera puesto en contacto con el colectivo que preside. -¿Cómo valora la respuesta a la movilización? -Salimos francamente muy contentos, ya que este barrio no tiene muchos vecinos a pesar de ser muy amplio. Uno siempre pone las ilusiones en lo máximo, pero teníamos temor de que acudieran menos. Antes de la manifestación, ya afirme que si iban 150 personas estaríamos muy satisfechos. -Con la movilización, ¿qué es lo que reclaman? -Nuestro barrio está abandonado y parece del rural. El tráfico es un caos; el alumbrado es deficiente; la calle Blanco Amor es estrecha y se inunda. Es la calle de las tapas, como bien bautizó un compañero tuyo hace unos meses. En un trecho de 150 metros hay como 267, pero lo peor es que todas se mueven y al pasar los coches se produce un ruido infernal y la gente no duerme y se queja. Por su parte, la rúa Estrigueiras tiene menos tráfico, es más pequeña y aunque nos ahoguemos... pues da igual. Y claro está, el acuartelamiento es un punto y aparte. -¿Por qué lo definen como un pelotazo? -En el antiguo cuartel, el PGOU preveía construir unas viviendas y se reservaban terrenos para equipamientos deportivos de uso público, zonas verdes, un centro de enseñanza y un edificio sociocultural. Sin embargo, se hizo una modificación, para nosotros es una reforma, y se han traído para aquí un inmueble que aglutine todas las Delegaciones de la Xunta, van a construir un edificio para Hacienda y el complejo deportivo será para uso exclusivo de militares y Defensa podrá subastar 10.000 metros cuadrados para levantar dos edificios. El Ayuntamiento se lleva 500 millones y se lo urbanizan todo. Hoy -por ayer- presentamos el octavo cartel denunciando esta situación.