Dos horas turísticas en Marín

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

La villa apenas figura en la oferta de los grandes operadores a Galicia. El Concello, para cambiar esta situación, ofrece un minubús gratis para pasear por el municipio este verano

24 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una grata sorpresa. Así definen muchos de los usuarios del minibús su recorrido por el medio rural de Marín. Esta iniciativa -que empezó floja como la temporada veraniega- se ha ido ganando a pulso un hueco en la múltiple oferta de la provincia. Sus promotores no dudan en señalar la clave de su éxito: ofrecen a sus visitantes un servicio gratis y del que carecen en puntos más concurridos como Sanxenxo, Cangas o la cercana Bueu. Todos los jueves, sábados y domingos la caseta de turismo de Marín, en la plaza de España, se convierte en el punto de partida de una de estas expediciones a lo que para la mayoría de los inscritos es casi desconocido. Uno de estos turnos recientes -más reducido de lo normal- lo formó una pareja de Valladolid y una familia de cuatro personas de Madrid. Se apuntaron para probar. Aparte de la Escuela Naval no sabían nada más sobre la villa. Dos horas y media después la satisfacción venía pintada en sus caras. No sólo habían disfrutado del viaje. Se habían sorprendido de la variedad que albergan las siete parroquias de Marín. Un recorrido típico comprende el desplazamiento por el vial de playas -con parada en los petroglifos de Mogor y el puerto de Aguete-, visita a la iglesia románica de San Tomé, un tiempo de ocio en el lago de Castiñeiras y la visión de las dos rías desde la torre de Cotorredondo. «Nos gustaron las vistas porque son muy bonitas a pesar de la niebla», apuntó un visitante. «A muchos les llama la atención la forma de las playas y se muestran entusiasmados porque sean de arena fina», señaló un guía. Todos los visitantes de esta ronda afirmaron que regresarán a alguno de los lugares que acababan de recorrer. «Al lago, seguro», manifestó una de las turistas. Atrás quedó su desconocimiento de una villa que apenas sabían hallar en un mapa. Marín les había enganchado.