Los secretos de A Subidá

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

La Xunta carece de planes a corto plazo para adecentar el castro La ladera del monte de A Porteliña esconde los orígenes de Marín

17 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Todas las instituciones públicas saben que en el monte de Subidá, lugar de A Porteliña, se oculta un castro que los arqueólogos consideran el vestigio poblacional más antiguo del municipio y origen, en primera instancia, de la villa de Marín. Las competencias para su conservación y difusión cultural pertenecen desde hace más de veinte años a la Xunta. Pero la Consellería de Cultura no ha promovido ninguna excavación arqueológica de este yacimiento histórico, desde que recibió las competencias en materia de arqueología. El arqueológo del Museo de Pontevedra, Antonio de la Peña, señaló que este castro es un poblado romanizado, de los primeros siglos de nuestra era. Nunca ha tenido una investigación arqueológica moderna. La comunidad científica desconoce cuándo se construyó el poblado, ni porqué ni en qué momento se deshabitó, cuáles son sus dimensiones y ni aún la forma completa de su muro. A pesar de todo, A Subidá fue el mayor poblado castrexo del concello. Intentos infructuosos Diferentes gobiernos locales de Marín siempre han aprovechado las visitas de los sucesivos conselleiros de Cultura a la villa para exponerles la posibilidad de excavar el castro y ponerlo al servicio de la oferta turística de la localidad. Sin embargo, en la actualidad, no existe ningún plan en el departamento de Jesús Pérez Varela para este castro. Los destrozos en el yacimiento de A Subidá han sido cuantiosos en los últimos diez años. Incendios forestales; la apertura de caminos y carreteras en el área de protección; el uso reciente de la ladera como cantera en el centro del sistema defensivo y los saqueos clandestinos han causado daños irreparables en gran parte de su superficie. Una empresa llegó a colocar dos torretas en la zona más elevada del castro, y luego fue obligada por la Xunta a retirarlas tras una polémica que llegó al Parlamento gallego por los daños sufridos. Hasta hace pocos años era posible vislumbrar los cimientos de dos viviendas circulares. Ahora una espesa vegetación, tojos y zarzas los ocultan de la vista. Las fotografías de mediados del siglo pasado también revelan la desaparición de parte de sus murallas.