El centro de Pontevedra se llena de carteles reivindicativos que cuelgan sobre las calles A favor o en contra de la peatonalización, por obras, de protesta o para apoyar un recital poético celebrado hace más de un mes. Cualquier excusa es buena para armarse de brocha y sábana, o para visitar un taller de serigrafía, hacerse una buena pancarta y colgarla en el centro de Pontevedra. De un tiempo a esta parte, en el centro de la ciudad proliferan este tipo de carteles enormes y coloridos, que, por muy extraño que suene, no necesariamente son tan provisionales como parece.
05 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un flautista callejero interpreta Bella Ciao mientras su perro se esconde del sol bajo el muro de pancartas que cuelgan en el pasaje que une A Peregrina y A Ferrería. Es mediodía, hace mucho calor y los carteles proyectan una mínima sombra. Son sólo una muestra de la fiebre que ha tomado las calles del centro de Pontevedra: a cada causa corresponde una pancarta de tela, colgada entre casa y casa. Aquí, en A Ferrería, se puede iniciar el tour . Del edificio del café Savoy y la casa de enfrente penden nada menos que tres reivindicaciones. Una pide la paz en Palestina y llama a un recital poético en la facultad de Bellas Artes, que se celebrará el miércoles 29. Y el último miércoles que cayó en 29 fue en mayo. Otra pancarta la firma Comisiones Obreras, y asegura que la Xunta «esclaviza» a los trabajadores del hospital local. Debajo hay otro cartel que ya va camino de ser un clásico; defiende la peatonalización del centro de Pontevedra, y lo firma la Iniciativa pola Calidade de Vida. Como este hay al menos otros dos iguales en la ciudad, uno frente al ayuntamiento y otro calle arriba, en A Peregrina. Junto al flautista, una pareja de aspecto teutón intenta descifrar el mensaje. Paneles de diseño Luego están los avisos de obra. Acostumbrado como está el ciudadano a paneles de formica sujetos a un caballete más bien inestable, los que hay en Gutiérrez Mellado son obras de arte, con su tipografía de diseño y su lenguaje futurista: la enigmática «Actuación 8» viene a ser un costurón de tierra y adoquines levantados que alcanza la plaza de Curros Enríquez, y en la que se afanan varios operarios armados de rebarbadora, pico y martillo neumático. Pero el cúlmen del pancartismo llegó hace unos días, y su fruto se pudo ver en uno de los parterres que adornan la confluencha de las calles Peregrina, Andrés Muruais y Daniel de la Sota. Alguien, cansado de que los transeúntes ahorrasen camino atravesando el jardincillo en lugar de rodearlo, clavó en la hierba una pequeña valla con una leyenda: «Los animalitos pasan. Las personas, no». A este mensaje primigenio se le fueron sumando varios: primero un letrero alusivo al España-Corea del Mundial de fútbol, luego un loro de papel que, según dicen en una librería cercana, fue secuestrado una noche, y más tarde una señal de prohibido pasar y una oveja con pinta de satisfecha. Ahora, apenas hay un pequeño afiche tirado por el suelo y olisqueado por los perros, en el pone: «Me fui a comer. Vuelvo a la tarde. Mientras tanto, por favor, no pase por aquí. La ovejita».