MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICA
23 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.onme triste ver isto. Miras as fotos e fanche pensar en todo outra vez». Lo dice una señora mientras contempla el singular vía crucis que hoy, martes, ha montado la Plataforma en la marquesina de metacrilato y acero que ahora ocupa parte de lo que antes era una amplia explanada. Se trata de una serie de fotografías, recortes de prensa y chistes gráficos que recuerdan que aquí hubo algo parecido a una intifada. En las instantáneas se ven policías arrastrando a jubilados, guardias de seguridad con un pitillo en los labios y aporreando con el pecho hinchado a un grupo de vecinos, y vistas que comparan cómo era la plaza hace un año y cómo es ahora. «¡A praza que tiñamos e o tren que nos puxeron!», lamenta otra señora, mientras se reconoce en una de las fotos de ambiente más tenso -«este día déronnos unha boa palliza», recuerda-. «Non será nun día, nin en dous, nin nun mes, pero nos pasos a nivel vai haber algo», augura, con aire sombrío. Las campanas, agitadas por un sistema eléctrico, suenan sin cesar con un ritmo trompicado. En la parroquia se ha instalado una atmósfera de resignación indignada. Algunos, como el cabeza visible de la Plataforma, Eladio Torres, aseguran que en Os Praceres «verase un tren enterrado». Otros se sientan con aire triste y derrotado en los bancos prefabricados que la constructora ha colocado junto a los raíles. «Non me gusta nada sentar aquí, co que loitamos por que non houbese desto», asegura una mujer. Alguien ha pintado los asientos con un rotulador para que parezcan las lápidas de políticos e industriales de la zona que, a su juicio, traicionaron a su parroquia, Lourizán. «Creron que a batalla ía durar dous días, pero levamos un ano, e non vai ser o último», advierte Eladio Torres en la alocución que dirige a los dos centenares de vecinos que este martes han acudido al acto de descubrimiento de un monolito que conmemora el primer año de lucha contra el tren. Pese al tono enérgico de su discurso, él mismo lo reconoce: «Estamos perdendo moitas batallas». Después de descubrir el monolito, que lleva una placa en la que la Plataforma agradece a los vecinos de la parroquia de Lourizán su colaboración, algunos asistentes cantan un romance en el que se cuenta una violenta historia de villanos, traidores y resistentes, como las canciones de los ciegos de antes. Otros comen empanada y tortilla de patata bajo la marquesina del tren. Dentro de un par de horas empezará un trascendente partido de fútbol, y los niños juegan a la pelota con más ganas que nunca. Se reparten los papeles -«eu Saviola, ti Figo e este o Zidane»- de un partido que ahora juegan en un entorno que hace un año era bien diferente.