Un pacto al borde del «K.O.»

La Voz

PONTEVEDRA

VANESSA PIÑEIRO

M. ESCAURIAZA ANÁLISIS

16 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

eóricos socios de un pacto de gobernabilidad -que llamado así curiosamente nunca existió- BNG y PSdeG-PSOE sellaron el 22 y 23 de junio de 1999 un acuerdo que, en vez de propiciar una coordinación de la acción municipal, parece como si se hubiera firmado para articular la subida al ring de los hasta entonces eternos grupos de la oposición y ver cuál de los dos lograba el K.O. del otro con más facilidad. El último directo de una historia de encuentros y desencuentros mediáticos que empezó a escribirse hace tres años lo lanzó el BNG esta misma semana por boca del primer teniente de alcalde. César Mosquera advertía de la «infidelidade» socialista. Los del puño y la rosa «xogan na ambiguidade e intentan deslucir todo o que se fai». Victimismo Ya no habrá cheques en blanco. Los ataques antinacionalistas -aventura Mosquera- van a ir arreciando a medida que se acerca el final del mandato del BNG. Pero, aunque no lo precise, también cabe esperar que en el guión preelectoral aumente en igual proporción el intento de asedio a los otros dos partidos municipales, PSOE y PP -aunque éste último esté ahora enfrascado más en asuntos propios que en fiscalizar la vida municipal-. El victimismo ha sido durante estos tres años el ungüento al uso de nacionalistas y socialistas para curar las heridas de sus zarpazos. Ayer mismo, el grupo que dirige Roberto Taboada hacía público un documento expuesto a la asamblea local del PSdeG-PSOE en el que se reconocen como «las propias víctimas» del cambio de gobierno que impulsaron, al dar la alcaldía al BNG (empatado en una frenética e inolvidable noche electoral a 10 concejales con el PP). Pero no les duele en prendas aducir ahora, 32 meses después, que el «gobierno municipal del BNG es tremendamente débil y complaciente con las administraciones del PP», agregando que «el Bloque ha renunciado al liderazgo político a cambio de aparentar gestión». A pesar de reconocerles aspectos positivos en su gestión -que se ciñen al Año Castelao, a la creación de la Agencia de Desarrollo Local y al éxito de las fiestas-, los socialistas tratan de matar dos pájaros de un tiro, al afirmar que «existe en estos momentos una crisis de poder local por una traslación del centro de decisión de varios puntos importantes hacia las administraciones que gobierna el PP». La peatonalización del Centro Histórico -y del entorno de A Peregrina recientemente- marcó los primeros rifirrafes BNG-PSOE. Aunque el trasfondo de las grandes diferencias que escenifican desde 1999 es una falta de feeling que se dejó entrever en plena campaña electoral. En agosto de ese año, Fernández Lores, que apenas llevaba un mes portando el bastón de mando que le facilitaron los cinco ediles del PSOE, sentenciaba: «Como filosofía imos consultar e dialogar co PSOE, porque así o firmamos no pacto de gobernabilidade». Su buena intención no se correspondió exactamente con sus dotes de analista y de futurólogo: «non creo que se poida dicir -añadía entonces- que existan friccións entre os dous grupos, creo que é un tema que se irá normalizando no futuro». La creación «ilegal», según Taboada, de los consellos territoriales, socavó los pronósticos de Lores, que ya empezó a utilizar términos como «incongruentes» para definir las críticas y avisos que con cierta timidez emitía un PSOE, en el fondo despechado por haber sido negado en dos ocasiones como socio en toda regla del gobierno local. Vehemencia La timidez se tiñó de vehemencia: «prepotente», «chulesco», «intolerante» o «antidemocrático» pasaron a formar parte del rosario de epítetos con los que el grupo socialista acompañó su decisión de vetar el primer presupuesto del gobierno liderado por Miguel Lores. El alcalde no sólo tildó a sus socios de obstruccionistas. También les mantuvo a pan y agua durante casi tres meses, tras dar por roto el pacto de gobernabilidad un 29 de diciembre de 1999. Hasta Rajoy y los firmantes de un llamado manifiesto progresista pidieron cordura. Después vendría una caliente tarde de toros que desembocó en el intento frustrado de una moción de censura del PP. El PSOE no picó y eligió seguir en el ring viendo como, entre round y round, el BNG da la vuelta a Pontevedra como a un guante, y no de boxeo. Falta el último asalto y en el 2003 ustedes desvelarán quien se alza con el título.