Vecinos afectados por la «movida» del centro histórico llevan sus protestas hasta la casa del alcalde de Pontevedra Estuvo a punto de suspenderse, pero al final se llevó a cabo. Once vecinos que reclaman desde hace años medidas contra la «movida» del centro histórico de Pontevedra se plantaron el sábado por la noche en Marcón. En una pista que separa las casas del alcalde y del concejal de Urbanismo escenificaron su protesta durante casi dos horas, seguidos de cerca por efectivos policiales. Hubo tiempo para bailes con música, pitos y corrillos a oscuras. Aunque ninguno de los dos políticos del BNG estaba en su vivienda, y sólo los perros de César Mosquera fueron testigos directos de la acción, los participantes aseguraron que su mensaje «ahí queda». «No queremos acabar con la ''movida'', sólo que sen tomen medidas para respetar el derecho al descanso de los residentes».
24 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Plaza de Galicia. Doce y media de la noche del sábado. La singular convocatoria de la asociación de vecinos San Bartolomé-Centro se reduce a once personas, entre ellas, algunos disidentes del colectivo Cidade Vella. El «fracaso» provoca dudas de última hora. Al final, se decide seguir adelante y la comitiva -tres coches más el de los periodistas- parte hacia Marcón. La presencia de tres vehículos policiales desconcierta en un primer momento a los participantes. Tras la reprimenda de uno de los maridos -«¡A ver, a qué habéis venido, pues venga, seáis dos o tres!»-, las mujeres toman la iniciativa. Bajo incansables ladridos de perros, eligen el camino equivocado. Y vuelta a empezar hasta que acceden a la pista que separa las casas de los nacionalistas Fernández Lores y César Mosquera. Allí despliegan todas sus armas: dos radiocasetes, silbatos y bocinas. Con Radiolé de fondo, los primeros comentarios son para las vistas de Pontevedra. «No me extraña que al alcalde no le preocupe la movida. Va a haber que vender la casa y venirse a Marcón, pero si al menos la pagarán bien», apunta una mujer. La cosa se calienta con los éxitos del verano. El «yo quiero bailar, toda la noche» parece amansar a los canes y animar a los maridos, que por fin se incorporan a la acción, aunque no al baile. «Qué bien están juntitos los dos, y aquella casa en construcción debe ser de Carmen Da Silva», ironiza otra mujer. La asistencia desmoraliza a algunos. «Es una pena que un problema que afecta a tantas personas tenga esta respuesta, pero es lo que pasa cuando hay representantes vecinales. Si vas tú, no voy yo», se lamenta un ex-miembro de Cidade Vella.