Caldas, Portonovo y Ponte Caldelas celebraron las exequias fúnebres de sus mascotas Numerosas personas formaron ayer el cortejo fúnebre de la sardina, fallecida en Marín la madrugada del martes de entroido y devuelta ayer al mar, con todos los honores que manda la tradición. Muchos vecinos se acercaron a la casa mortuoria, en el Ateneo Santa Cecilia, a lo largo de la tarde, para expresar sus condolencias a la comisión de entroido y a la asociación cultural, ambos promotores de los festejos de Miércoles de Ceniza. A las ocho salió la comitiva, seguida por una multitud de deudos y vecinos.
13 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.El ritual del entierro de la sardina se volvió a repetir ayer en Marín una vez más desde 1974 cuando el Ateneo Santa Cecilia lo rescató del olvido. El sepelio carnavelesco con mayor raigambre de la comarca de O Morrazo congregó a cientos de personas en la comitiva y a millares de curiosos a lo largo de todo el recorrido por el centro urbano. El tiempo acompañó y la lluvia, presente durante la semana, no hizo acto de presencia. Las muestras de dolor por la difunta sardina iban acompasadas por una ceremonia inventada expresamente para la ocasión en el siglo pasado. En un catafalco adornado con profusión marítima y tirado por asistentes cubiertos por chuvasqueros de pescadores, la sardina fue trasladada por Marín hasta la punta del paseo marítimo, en el antiguo muelle comercial. Allí se dio lectura a la tradicional ladaiña da sardiña como medio de espantar al meigallo. Pero Marín no fue la única localidad donde se festejó el Miércoles de Ceniza. Los entierros de entroido llenaron de plañideras y comitivas fúnebres Portonovo y Caldas de Reis, que lamentaron a sus sardinas, mientras que Ponte Caldelas lloró a su trucha. En los próximos días se sucederán otros sepelios como los del gallo Fodorico de Poio, la madama de Silgar, la cabra de Vilalonga y el Paxaro de Mal Agoiro de Bueu.