PRAZA DA FERRERÍA
06 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.UN MISIONERO EN ETIOPÍA. Ya sé que una buena parte de ustedes sólo está pensando a estas alturas en lo que falta para coger el disfraz y disfrutar de la fiesta del carnaval. Pero aquí vamos a dejar de lado por un día el jolgorrio para hablar de cosas más serias, como la labor que desarolla el misionero navarro José Luis Bandrés en Etiopía. El sacerdote fue ayer el conferenciante invitado por Manos Unidas de Pontevedra para abrir las actividades de la Semana de la Paz, que rematarán el próximo domingo. Bandrés lleva nada menos que treinta y tres años en el país africano. Se fue a la edad de 30 y dice que ya no piensa en volver. «Aquí -señala- parece que las cosas van por otros derroteros, sois víctimas de la globalización, de una cultura consumista. Allí la gente conserva valores humanos que aquí estais perdiendo. Por ejemplo, nadie deja de ver a nadie porque no tenga tiempo...» CONFERENCIA. Precisamente, los males de la globalización centraron buena parte de la conferencia que el misionero ofreció ayer en el Auditorio Caixanova de la ciudad del Lérez. «Hoy aquí se habla de los hombres como `recursos humanos'', igual que si fueran capital, siempre con objetivos económicos -añade-. Esa cultura globalizadora impone valores materiales y se está extendiendo, de manera que sólo pueden competir los más fuertes y poderosos. Los pobres no tienen ninguna opción». Bandrés trabaja en una provincia al norte de Etiopía, concretamente en las zonas de Adigrat y Wukro, esquilmadas después de años de guerra con Eritrea. La última confrontación terminó en el 2000 -«estuvimos incomunicados cuatro años, fue terrible»-, pero todavía se viven sus secuelas: «desgraciadamente, de África no se habla nunca si no es por alguna catástrofe». PROYECTOS. «¿Por qué todos los males afectan a África -dice el sacerdote-. Pues porque la guerra y el hambre son hijos de la injusticia». Sin embargo, José Luis Bandrés no cambia su destino por nada. A Etiopía se fue en un principio para un período de dos o tres años y fue el tiempo que tardó en aprender la lengua amaharico. «La gente me acogió fenomenal, es de una calidad humana tremenda», añade. En Etiopía Bandrés participa en varios proyectos financiados por Manos Unidas y otras organizaciones, como es la escuela profesional abierta en 1991 y que forma a sus 300 alumnos en especialidades agrícolas y de comercio. MUJERES. Otro sector que se intenta apoyar es al de las mujeres -muchas han perdido sus maridos en las guerras-, a las que además de formación en horticultura y ganadería se les ofrece «créditos blandos» para que puedan establecerse por sí mismas. Claro que no hablamos de dinero, sino que ese crédito puede ser una vaca, gallinas, o semillas para un huerto. ¿Y cómo se devuelve? Pues si el regalo es la vaca, con un ternero, que pasa a otra familia. «Es un sistema de mucha eficacia», asegura el misionero. OTRAS ACTIVIDADES. Una de las actividades que Manos Unidas ha organizado esta semana es la exposición solidaria en el Auditorio Caixanova, titulada La paz es la justicia. Los paneles informativos invitan a erradicar la violencia estructural, «que genera todo cúmulo de injusticias». Por otro lado, mañana la ONG celebrará el día del ayuno voluntario en el comedor del convento de San Francisco. Será a las 20.30 horas. Y el domingo, está prevista la colecta anual de Manos Unidas en varias iglesias, con destino a proyectos sanitarios, agrícolas o sociales. En el año 2000, se financiaron un total de 97 iniciativas de desarrollo en 64 países de América, África, Asia y Oceanía. De ellos informará la organización en una mesa que se instalará en A Ferrería.