Rafael Pérez-Santamarina abandonaba en julio del 2000 la dirección del Hospital Montecelo tras nueve años de gestión. Dicen quienes conocen el funcionamiento interno del sistema sanitario que aquella fue una de las mejores etapas del centro médico pontevedrés. También que sus relaciones con Pedro Soler no eran, precisamente, cordiales. El siguiente destino no le llevó muy lejos. De hecho, tan sólo a los treinta kilómetros que separan el Hospital do Salnés del CHOP. Santamarina quedaba descolgado del complejo hospitalario, pero no se iba solo. Junto a él hicieron las maletas los miembros de su equipo: el director médico, la directora de enfermería y el responsable de gestión. Los cuatro asumieron un reto sin duda complicado: poner en marcha un nuevo hospital bajo la atenta mirada de los colectivos ciudadanos de la comarca arousana, hartos de reclamar un centro médico de referencia en Vilagarcía. Año y medio más tarde, con 48 primaveras a sus espaldas, Pérez-Santamarina retorna a Pontevedra. Especialista en medicina interna y aparato digestivo, diplomado en administración sanitaria, el nuevo gerente del CHOP deja en O Salnés una imagen de profesional con criterio y sentido común. Algo que, sin embargo, no ha bastado para atajar las críticas sobre el funcionamiento del hospital comarcal. No es extraño. Un presupuesto mínimo y una plantilla desbordada de trabajo no bastan para hacer milagros. Las necesidades médicas de setenta mil personas pronto contradijeron los optimistas cálculos de la Xunta, que optó por la controvertida fórmula de una fundación para gestionarlo.