MARÍA CONDE LA CRÓNICA La llegada de la moneda única «jubila» a una vendedora vilaboense de 92 años
05 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.pesar de la euroforia que muestran en los últimos días políticos y medios de comunicación, no todo el mundo ha recibido a la moneda única con los brazos abiertos. En general, es a los mayores a quienes les está costando más acostumbrarse a los dichosos cambios y redondeos. Pero en el caso de Isolina Boullosa, la situación ha ido más lejos. No está dispuesta a utilizar el euro de ningún modo y por ello ha decidido plantar su negocio de venta de rosquillas en las fiestas y ferias de la comarca. «Non quero os novos cartos para nada...», afirma esta anciana de 92 años, a la que en absoluto le apetece hablar del tema . Pero desde el fondo de la tienda que regentan su hija Edelmira y su nieto Antonio en Figueirido (Vilaboa) explica: «e que non me aclaro coas voltas...». Sus familiares sonríen y reconocen que a pesar de la vitalidad y el excelente estado de salud de esta mujer, el euro «pode con ela». «É a única razón pola que deixará o posto», comenta Antonio, que está convencido de que si continuase la peseta, este año Isolina seguiría trabajando. Trabajó hasta el 31 La docena de rosquillas valía hasta el 31 de diciembre 350 pesetas (2,10 euros) o 450 dependiendo del tamaño, «pero agora non sei canto sería». «Máis ou menos dous euros», le responde Antonio. «¡Bah!», vuelve a decir Isolina, quien precisamente trabajó hasta el último día del 2001. Su última venta la realizó en la fiesta que se celebró en el recinto de la parroquia de Bértola. A partir de ahora, a descansar junto a su marido, de 93 años, y a cuidar su viña. «Vou podar» dice haciendo el amago de salir de la tienda. Insiste en su decisión: «aínda que o digan, non se parece nada ós patacos e as chicas que eu coñecín». Su nieto pone en sus manos las nuevas monedas y billetes. Isolina los mira, toca y pregunta: «este pon un... ¿canto é?». Respuesta: «166 pesetas». Su rostro muestra extrañeza y desconfianza a la vez. «Este son oito», señala la anciana mientras coge un billete de 50 euros. «Oito mil pesetas», le aclara su nieto. «Algúns voullos explicando de memoria, pero...».