Un aviso para instalados

A. CASTROVERDE PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

El voto en blanco, tradicional expresión de descontento, se acerca ya al millar de papeletas en Pontevedra Si el sistema democrático se considera el menos malo de cuantos se conocen en política, es sobre todo por la cantidad de resortes que ofrece. Uno de ellos, hasta ahora poco valorado, es el voto en blanco que, aunque puede obedecer a causas variadas, supone normalmente una expresión de descontento. Esta opción ha ido tomando cuerpo y las papeletas se aproximan ya al millar en Pontevedra. Al igual que en otras ciudades, son ya «cuarta fuerza», muy por delante de los distintos partidos minoritarios.

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Adentrarse en las causas que motivan el voto en blanco no es tarea fácil, dado el carácter secreto del sufragio en cualquier consulta que se tenga por democrática. Sólo gente que no se priva de dar a conocer su opción o comentarios en público dan una pista de por dónde pueden ir las cosas. «No voto por ellos porque no me gusta ninguno»; «no me convencen ni Fraga, ni Beiras, ni Touriño»; «votaría a gente con apuros para pagar el piso y con contrato temporal, pero no a éstos»; «no se preocupan de mí para nada»; «sólo están a chupar y a comer»; «no hacen nada por Pontevedra», son algunas frases escuchadas tras el 21-O en la ciudad a personas que decían no haberse decantado por ninguna lista. ¿Y cuántos son en realidad? Pues unos 980, según datos recopilados en dos estados mayores de partidos mayoritarios en Pontevedra. La cosa no es como para tomársela a broma: en términos porcentuales, el descontento representa aproximadamente un 10% de los sufragios recibidos por el BNG, un 9% de la cosecha del PSdeG-PSOE y un 6% de la del PP. Todo un aviso a los partidos instalados. Viene de lejos Y es que, en Pontevedra, subsiste un voto descontento desde hace años, heredero de algunas frustraciones ciudadanas y directamente emparentado con la masiva manifestación que tomó la calle el 5-J. Asuntos como la pérdida de peso político y económico, la falta de circunvalación, el culebrón del enlace con la A-52, los problemas ecológicos o medioambientales, la carencia de titulaciones universitarias de primera fila, siguen llevando a buen número de ciudadanos a votar en blanco. Es el derecho al pataleo que les concede el sistema democrátrico, frente a líderes que no siempre han estado a la altura de las circunstancias cuando se trataba de defender los intereses de la ciudad. Algunos políticos han apelado claramente durante la campaña al descontento existente en Pontevedra. Así, Pérez Touriño acusó a la Xunta de olvidarse con excesiva frecuencia del sur de Galicia. Lores y Pérez Castrillo, por su parte, no dudaron en calificar de puro bluff los acuerdos que habían firmado con el conselleiro Cuiña Crespo para reducir el peaje. Saliendo al paso del descontento, Álvarez Cascos prometió construir la circunvalación en el mitin del PP y licitó en el BOE el estudio informativo -paso previo a la redacción del proyecto- en plena jornada de reflexión. «Pontevedra esta vez non lle vai fallar», prometió un Rafael Louzán, temeroso del descontento de la ciudad, al presidente de la Xunta, Manuel Fraga. Pero el descontento no es exclusivo de asuntos que afectan al PP. Parte del voto de castigo a los populares de anteriores comicios, que fue a parar en su día al BNG, se ha refugiado en la abstención y el voto en blanco, según admiten los nacionalistas. Entre los populares, aún se recuerda que fue el gobierno tripartito, presidido por el PSOE, el que creó la Universidad de Vigo sin conceder siquiera un campus en Pontevedra. Sea como fuere, el catálogo de incumplimientos en Pontevedra de los distintos partidos instalados -PP, PSOE y BNG- es amplio y, además, añejo. Muchos electores se han cansado de esperar y lo dicen con uno de los instrumentos más efectivos que tienen a su alcance: el voto en blanco.