La hermanita pobre de Silgar

CARMEN G. DE BURGOS Corresponsal SANXENXO.

PONTEVEDRA

MARÍA NOGUEROL

Vertidos, basureros ilegales y una carretera peligrosa -sin iluminación ni arcenes- rodean a la playa Major Una carretera con una larga recta sin límite específico de velocidad divide la zona descuidada en la que se encuentra la playa de Major de la concentración de chalets y comodidad de la orilla contraria. Vertidos de aguas fecales, basureros ilegales en los que se agolpan incluso pollos muertos, carreteras sin aceras ni arcenes e, incluso, un lavabo tirado en una cuneta sin apenas iluminación son los adornos que más destacan en una playa que poco tiene que ver con su «prima hermana» de Sanxenxo, centro de piropos. Vecinos y turistas lamentan que el alcalde incumpliera sus promesas de mejorar la zona y reducir riesgos.

21 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La zona costera de Major, la que alberga la playa, no está dotada de alcantarillado, ni siquiera de puntos de iluminación. Lo que sí abunda en el lugar son los vertidos de aguas fecales, que desembocan directamente en el mar, y un par de vertederos -uno en la misma playa y otro justo al otro lado de la carretera, frente al acceso al arenal-. Un regato que muere en la playa hace las veces de conductor de residuos que no disponen de otro medio para ser alejados de la parte residencial. Un poco más alejado del arenal otro pequeño riachuelo ubicado en una propiedad privada desprende un hedor que corresponde a las aguas fecales que transporta. Vecinos de la zona aseguran que el propietario de la finca ha intentado en varias ocasiones para tapar el vertido, aunque sin éxito. Una montaña de un tamaño considerable completa un cuadro inverosímil con fondo de mar. A pocos metros de la orilla, residuos sólidos se acumulan, dividiendo el arenal de los arbustos descuidados de Major. A pesar de las tres reuniones mantenidas entre vecinos del lugar y el alcalde del municipio, Telmo Martín, y los escritos -firmados por cerca de sesenta afectados- al Concello, las promesas de instalar una pasarela de madera provisional que reduzca el riesgo de los viandantes al acceder a la playa, no se han cumplido. «Estamos muy dolidos, ya ni enfadados», lamenta un residente.