Homenaje con sabor electoral

MARÍA CONDE PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

MARÍA NOGUEROL

Los nacionalistas recuerdan a Alexandre Bóveda reclamando el voto en los próximos comicios De prólogo, el «Sempre en Galiza» de Castelao. Para ambientar la historia, las reflexiones sobre la autodeterminación que tenía Alexandre Bóveda y, el desenlace, en la próxima cita electoral de octubre. El homenaje que los nacionalistas brindaron al galleguista fallecido en 1936 y a los mártires del franquismo tuvo este año un fuerte sabor electoral. Tanto, que hasta el alcalde de Poio, Luciano Sobral, reconoció ante el monumento de Bóveda que «o mellor regalo que lle podemos facer este ano é que o patriotismo galego triunfe».

17 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«¡Viva Galicia ceibe e popular!». Sobral fue el más directo en su intervención ante el monolito que en A Caeira recuerda el fusilamiento de Bóveda. Espoleado por los textos del Sempre en Galiza que leyó su compañero Xosé Martínez, mostró su satisfacción porque «os nacionalistas seguimos vivos, recollendo a bandeira que nos deixou Bóveda». Y aprovechó la euforia del momento para sugerir a los presentes que piensen ya en su voto de octubre: «o mellor regalo a Bóveda neste ano electoral é que o patriotismo galego triunfe e lle dé ó país o aura de gloria que Castelao desexou». La «victoria» estará dedicada, anunció, «ós que morreron polas balas do franquismo». Además de la cita con las urnas, la autodeterminación también salió a colación en la celebración del Día da Galiza Mártir. Fue el hijo de Bóveda, Xosé Luis, quien recordó la semblanza que de su padre hacía el autor Darío Álvarez Blázquez, en la que incidía sobre su faceta política. «Era un medio -señaló- polo que había que camiñar o donde había que deixar a loita. Él comprendía que sin ter voz no Parlamento, xamais se podería acadar algo tan lonxano e disputado como era, como é agora mesmo, darlle a un pobo o dereito de autodeterminar o seu destino, sen necesidade de fronteiras e aduanas». Fin del acto con el himno gallego. Los más efusivos, varios sindicalistas de la CIG, que siguen el sonido de las gaitas con el puño alzado.