Un silencio desesperante

CARMEN G. DE BURGOS Corresponsal POIO.

PONTEVEDRA

RAMÓN LEIRO

Dos de las víctimas del accidente de autobús ocurrido en Francia hace tres años siguen sin ser indemnizadas Olga Rodríguez Romero y María Gloria Pérez González han perdido ya las esperanzas que tenían en que la compañía de líneas de autobús en la que viajaban cuando sufrieron un accidente en 1998 las indemnice como ellas consideran pertinente. Llevan tres años esperando alguna respuesta, mientras las facturas de sus continuos viajes a Francia para consultar a médicos y abogados siguen siendo abonadas con su propio dinero. Las dos vecinas de Combarro ven «irregularidades» en el proceso.

10 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Olga Rodríguez asegura que lleva en estos años tres operaciones diferentes -la última de ellas hace menos de un mes-, y que el millón de pesetas que los tribunales obligaron a la compañía de autocares francesa a entregarle como adelanto no cubre, ni de lejos, los gastos que le está ocasionando el proceso legal y médico en el que está inmersa. La víctima del accidente ocurrido en Francia en 1998 establece en cerca de tres millones y medio de pesetas los costes de su tratamiento clínico y judicial. También María Gloria Pérez ha perdido la esperanza en que se le abone la cuantía que considera le corresponde por los tres meses de baja que padeció, así como por las molestias que asegura que aún le ocasiona su brazo izquierdo. Suiza Las dos mujeres trabajan y residen desde hace catorce años en Suiza, aunque realizan visitas cada vez más frecuentes al que consideran su hogar, Combarro. Tanto Olga como María Gloria acusan a las diversas empresas de transporte y de abogacía francesas de cometer irregularidades en su caso. Los cambios de opinión de varios forenses y algunas minutas pasadas por un abogado galo sin más explicación que una cifra con más de tres ceros expresada en francos franceses, llevan a las dos mujeres a sospechar que su lucha por cobrar está resultando, cuando menos, infructuosa. «Si no vamos a cobrar -aseveran, resginadas-, por lo menos que la gente sepa a qué se atienen viajando con determinadas compañías de transporte».