El perro que quiso esperar a sus dueños

La Voz

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICA

28 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

uesta imaginarse la cara que se le quedaría a Pepe -es un nombre supuesto- cuando sus dueños lo dejaron en el área de peaje de la autopista A-9, a la altura de Pontevedra. Durante un par de días, este perro joven de raza bóxer se empeñó en esperar en el mismo sitio en que fue abandonado a los que le cuidaron hasta que resultó una carga. Ayer, una cajera de la autopista llamó a la central y Pepe fue trasladado a otro sitio. «Tenía muy buena pinta, pero parecía asustado. De vez en cuando se dejaba ver, pero al acercársele, volvía a retirarse», explica la cajera. Pepe no parecía creer que sus dueños no volverían. Con la vista perdida en la línea de asfalto negro de la calzada, se negaba a marcharse o a dejarse coger. Varios camioneros intentaron darle de comer. Los conductores, después de pasar su tarjeta de crédito por la cobradora magnética se quedaban mirando a un animal confundido. «Cuando llegué por la mañana, pedí que lo recogieran», explica la cajera, «estaba muy cerca de las salidas y era un peligro para él y para los coches». Ladera arriba, en el galpón en el que la protectora de animales de Pontevedra acoge a 250 perros sin dueño, Rosa, su cuidadora, no se muestra especialmente sorprendida. «Es la época», explica, mientras muestra con la mano extendida dos perros magníficos, un precioso setter irlandés y un enorme pastor alemán robado de un criadero, al que han cortado una oreja para que no se conozca su procecencia, marcada con un tatuaje. «Los perros molestan en vacaciones», se lamenta Rosa, «y, como no llevan microchip identificativo, los sacan del coche en el área de servicio, se hacen los locos y dicen que se escapó. He tenido que ir docenas de veces a sacrificar animales por allí. La autopista traga mucho perro». La cajera coincide con ella: «En verano y cuando se acaba la temporada de caza no es sorprendente». Es difícil que Pepe se perdiera y llegara por su propio pie al recinto: los laterales de la autopista están vallados. Una furgoneta se llevó ayer a Pepe del peaje de Campañó, no se sabe bien hacia dónde. En la perrera de Pontevedra no habían oído nada, y la de Poio no recoge perros desde hace días. Lo que parece seguro es que el joven bóxer que esperó a sus dueños no volverá con ellos. Entrará en una fría nave industrial de bloque gris, y se verá rodeado de otros perros tan tristes como él. Entonces, ya no entenderá nada.