MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICA Los vecinos consideran un éxito la manifestación del jueves
01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.ace tanto calor al mediodía en Os Praceres que hasta los policías nacionales que custodian la obra del tren han salido de su grilleira para ponerse a la sombra de un árbol. Los obreros, que soportan casi en silencio una temperatura intolerable, siguen a lo suyo, atornillando al suelo de Lourizán la gran cremallera metálica por la que pasará el ferrocarril que dará servicio al puerto. Mientras, en las terrazas de los bares, algunos vecinos se refrescan tomando cerveza con gaseosa. Se comenta con satisfacción y orgullo lo que pasó ayer en Pontevedra: al menos cuatro mil personas se unieron a la manifestación contra el paso de la vía del tren por el centro de la plaza. «Cando din catro mil é que houbo cinco, alomenos, que eses sempre tiran para abaixo», comenta un vecino que pasea por la zona, poniendo en entredicho los números que dio la policía local pontevedresa. Tras la barra del hostal Roxo, Rafael Pazos prepara un café con hielo para un cliente. Es el vicepresidente de la plataforma que se opone al tren, y hoy está contento. «Despois do de onte, estamos satisfeitos», afirma, «apoiounos moita xente de Pontevedra, das parroquias do rural e do resto do Morrazo». Rafael habla de la historia reciente de la parroquia de Lourizán como de las doce plagas de Egipto: la celulosa, una depuradora -«que tamén cheira»-, y ahora el tren. «E por encima ós de Ence deulles por aparcar os camións da madeira na beira da estrada, e temos que camiñar por onde pasan os coches», remacha. Se acerca el mediodía, y las incansables mujeres de Os Praceres dejan de golpear las vallas de la obra y el pretil de la autovía. «Desta vai, desta vai», dicen, exultantes. «Aínda temos esperanza», aseguran, aunque creen que las administraciones están jugando la baza de los hechos consumados. «Se nos dan a razón nos xuízos», opina Rafael, «a vía xa estará feita, pero non imos parar». Lourizán se marcha a comer. Los vecinos se han sentido respaldados después de la movilización del jueves. Sin embargo, cada vez que asoman la cabeza a la ventana, siguen viendo dos hojas de valla metálica, con sujetadores y otras prendas de ropa colgados. Entre ellas, la obra no para.