La perrera municipal del Concello alberga cada año a cerca de doscientos «mejores amigos del hombre» Tal vez no sea como el paraíso con el que todos los canes del mundo sueñan alguna vez, pero la perrera municipal de Poio sí podría equipararse a un hotel con servicio de habitaciones para los animales. Sobre todo, teniendo en cuenta que algunos de ellos fueron recogidos tras ser abandonados por sus dueños. Un funcionario se encarga diariamente de proporcionarles un suculento menú, mientras que un atento veterinario pasa por las dependencias de la perrera una vez a la semana para cuidar de que los mejores amigos del hombre no padezcan ningún mal que enturbie sus placenteras «vacaciones pagadas».
17 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Xosé Luis Martínez, el concejal de Medio Ambiente del Concello de Poio, cuenta, orgulloso y además con razones para estarlo, la loable misión que la perrera municipal realiza diariamente con los canes que se recogen. «La mayoría de ellos -explica- son animales callejeros de quienes algún vecino alerta sobre su existencia, aunque también se dan con más frecuencia de la que sería deseable los casos en los que la causa del aviso resulta ser un abandono». La temporada en la que más dueños se deshacen de sus perros -dice Martínez- es en las épocas de caza, que abarcan desde octubre hasta enero, aproximadamente, y explica que en muchas ocasiones, en cuanto los cazadores se percatan de que alguno de sus chuchos no está dotado para dicho divertimento, lo abandona. Ningún perro ha obtenido, por el momento, la condición de can de la casa, ya que todos los que inauguraron las instalaciones municipales se encuentran ya fuera de ellas desde hace tiempo. Resulta sorprendente comprobar cómo ni siquiera los animales que puedan resultar menos atractivos a los ojos del ciudadano de a pie han logrado prolongar sus vacaciones durante más de cuatro años, antigüedad aproximada de la perrera. De los doscientos canes que entran al año, más de la mitad salen en ese plazo de tiempo.