Las joyas de la iglesia de O Campo

MARCOS GAGO Corresponsal MARÍN.

PONTEVEDRA

XOÁN CARLOS GIL

Pinturas religiosas del siglo XV aguardan su restauración en el antiguo templo del medio rural marinense La retirada de los retablos de la iglesia de Santa María do Campo, la semana pasada, dejó al descubierto varias pinturas murales centenarias de carácter religioso. Estos frescos medievales son los únicos conocidos en O Morrazo, y se especula que haya otros más antiguos debajo de las gastadas capas de mortero. El párroco de O Campo, Rubén Aramburu, considera que este legado debería conservarse para la posteridad y ha iniciado gestiones para sufragar los gastos de rehabilitación de las pinturas. El proyecto, largamente pospuesto por Patrimonio, podría ser la última oportunidad de salvarlas de su destrucción definitiva.

05 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Las pinturas de Santa María do Campo podrían datar del siglo XV, según informó el párroco. Los expertos consultados por la parroquia marinense certificaron que se trata de frescos medievales, y que, aunque maltrechos por el paso del tiempo, su estado de conservación es «bastante bueno». Existen dos grupos en el interior del templo. La pared interior principal del ábside está totalmente pintada e imita la forma de un retablo de madera. En la parte más alta, sobre una ventana cegada, se encuentra un Cristo en Majestad o Triunfante. Se perciben con claridad su corona, ropas y cetro. En los laterales, el visitante contempla cuatro ángeles que portan trompetas. El resto de las paredes de la cabecera del templo está picado. Es probable que el conjunto se extendiese por todo el ábside y la bóveda. El segundo conjunto de pinturas está en una de las paredes de entrada de la cabecera. Se percibe con nitidez a un San Esteban mártir, atado a un árbol y con flechas clavadas. Mucho más confusamente, se descubren a sus lados un San Antonio, vestido de fraile; y un Santiago apóstol. Los historiadores conocen estas pinturas desde hace muchos años. Sin embargo, no se ha hecho nada para frenar su degradación, salvo algún compromiso de la Administración autonómica, que aún no se ha traducido en inversiones. La parroquia intenta reunir fondos para poder restaurar los únicos ejemplos de pintura antigua en la comarca. Ahora aún no hay ninguna evaluación del coste, pero se supone elevado. Se negocia con el Concello de Marín, la Diputación y la Xunta, porque los feligreses no pueden asumir el precio de la rehabilitación de los frescos cinco veces centenarios.