Manual para sobrevivir a peñas

Alfredo López Penide
LÓPEZ PENIDE PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

La fiesta comienza horas antes de que de inició la primera de ferias en el coso de San Roque de Pontevedra Llegan las corridas de toros al coso de San Roque de Pontevedra, y con ellas las tradicionales fiestas de las peñas. Unos festejos donde el precabido se armará, antes de nada, de ropa de la de usar y tirar _aunque, visto lo visto, los detergentes de ahora hacen milagros_ y de una sana paciencia que le impedirá cabrearse cuando la multitud le detenga el coche o el juerguista de turno le rompa el tímpano a fuerza de soplar un silbato en las proximidades de sus pabellones auditivos. Un consejo antes de continuar: Si alguien le rocía de vino, no sea tonto, no se enfade, no sea tímido y mójele a él también. En el fondo se lo agradecerá.

05 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El espectáculo de las peñas comienza temprano en Pontevedra. Así, unas horas antes de que empiece la corrida en la plaza de toros, muchos integrantes de algunas de estas agrupaciones se reunen en sus alrededores con garrafas de kalimotxo y sangría, mayoritaríamente. Es curioso comprobar como, entre la multitud, hay personas que se oponen a la fiesta, pero no dudan en abandonar por un tiempo sus ideas e integrarse en la marcha. El novato en estos festejos debe tener en cuenta una serie de consejos para sobrevivir a esta jornada de juerga. Consejo número uno. Si pertenece a una peña, no se preocupe por el vestuario. Sus compañeros ya se habrán encargado del uniforme. Normalmente se compone de camiseta o blusa, pañuelo y gorro. Si por el contrario, se va por libre o en un grupo no organizado, póngase ropa de campaña o vístase con trapos que no le importe quemar después. Consejo número dos. En la plaza no sea purista. Pontevedra sólo celebra tres festejos taurinos al año y el público va al coso a divertirse. Es más, en ocasiones, el espectáculo está en las gradas y no sobre la arena. Disfrute y deje disfrutar. Consejo número tres. Tanto si va en coche, como si se acuesta temprano sea paciente y únase a la diversión. Por un día no le pasará nada y les podrá contar unas batallitas a sus nietos en el futuro. Tras el festejo, muchos jóvenes _y no tan jóvenes_ se dedican a parar el tráfico al son de «el que no pite, no pasa». Consejo número cuatro. Si le abrazan, abráceles. A medida que la zona se va llenando de gente, se produce un extraño fenómeno científico conocido como exaltación de la amistad. De este modo, si un desconocido le agarra, lo zarandea, lo besa, aguante su mezcla de olor a sudor y vino barato, y déjese querer. Verá como al tercer o cuarto achuchón ya se habrá acostumbrado. Consejo número cinco. Si hacen ruido, imíteles. Pontevedra en peñas es ruidosa, muy ruidosa. Se podría decir de otras maneras, pero el sonido estridente y sin ritmo que emiten la mayoría de las peñas impide hablar de musicalidad o de buen oído. Así que, cuando escuche un silbato en su oreja, en lugar de cabrearse, coja usted un aparato similar y sople con todas sus fuerzas. Consejo número seis A. Para escuchar buenas canciones, quédese en el salón de su casa. Peñas implica, entre otras cosas, que la fiesta está en la calle y no en pubs, bares o discotecas que se convierten en establecimientos de paso donde rellenar las copas. La música que se puede oir, de esta manera, es la interpretada por charangas que se acercan hasta la capital provincial. Consejo número seis B. Si es usted tozudo y se mantiene en sus trece de visitar bares, prepárese para escuchar únicamente los hits musicales de siglos pasados, acompañados de temas típicos del verano. Piense que los pubs, discotecas y similares habrán guardado la buena música _si es que en algún momento la han tenido_ bajo siete llaves. Consejo número seis C. Apréndase alguno de los temas de Ricky Martin, La Mosca, King África, Alejandro Sanz, Enrique Iglesias o Georgie Dann, y canciones y pasodobles como Soy minero, Paquito el chocolatero, Suspiros de España o El sitio de Zaragoza. Consejo Final. Estos festejos duran tres días y la tradición, que nadie sabe quién la ha escrito, impone llevar la misma ropa esas jornadas. Incluso, hay quien la extiende más allá y mantiene que la camiseta de peñas, por lo menos, no se debe lavar nunca.