Alberto Núñez Feijoo: «Galicia chegará a fin de mes»

M. Cheda SANTIAGO / LA VOZ

ESPAÑA

Álvaro Ballesteros

El presidente de la Xunta despacha su segunda investidura con el mayor apoyo en 11 años, sin profundizar en sus recetas anticrisis y pidiendo a la oposición ocho pactos estratégicos

30 nov 2012 . Actualizado a las 10:58 h.

Sucediéndose a sí mismo, Alberto Núñez Feijoo se convirtió ayer en el presidente de la Xunta con mayor apoyo parlamentario de los últimos 11 años: 41 sufragios a favor sobre 75 posibles. Votó en su contra la oposición en bloque: los 18 diputados del PSOE, los 9 de AGE y los 7 del BNG. De hecho, levantada la sesión de investidura, ninguno de ellos se acercó a felicitarlo. Sí hicieron lo propio, en primer y segundo lugar, respectivamente, quien será de nuevo su mano derecha en el Gobierno autónomo, Alfonso Rueda, y su hombre fuerte en la Cámara, Pedro Puy.

Eso ocurrió cuando quedaba un cuarto de hora para las siete de la tarde. Anteriormente, desde las once y media de la mañana, había transcurrido un debate que el jefe del Ejecutivo despachó sin profundizar en ninguna de las recetas anticrisis que el martes había dictado, así como reiterando el ofrecimiento a todo el hemiciclo de pactos en ocho asuntos «estratéxicos». Legó también cuatro sentencias para recordar en el ocaso de la legislatura: esta aventura «vai merecer a pena», con él la comunidad «chegará a fin de mes» siempre, «cumprirei o meu deber se dentro de catro anos Galicia non está en quebra» y «eu non quero aquí aos homes de negro».

Enfundado otra vez en el traje del rigor presupuestario, la solvencia y la austeridad como guías para alcanzar el crecimiento a partir del 2015, Feijoo logró salir del Parlamento sin tener que abundar en cuestiones cruciales. Por ejemplo, cuánto dinero movilizará y cómo será gestionado el nuevo fondo público para el estímulo de la economía, en qué condiciones y a partir de cuándo realojará a desahuciados en pisos de protección vacíos, cómo alcanzará el déficit cero con menos ingresos sin meter mano a los servicios sociales ni incrementar impuestos y para qué servirán las futuras leyes de reactivación de los sectores agroganadero y forestal. Se marchó sin despejar esas dudas, en buena medida, porque tampoco lo apretaron para que precisara. Ni, salvo el socialista Pachi Vázquez, para que aportase explicaciones sobre la hipotética subasta de NCG que planea el Banco de España. En ese frente, el de las antiguas cajas, se limitó a sostener que el proyecto «aínda ten vida», a afear «deslealdades», a reprochar que nadie lo informase del estado real de las entidades a su llegada al poder en el 2009, a cargar contra sus viejos gestores y a proclamar: «Fixen todo o que puiden».

A sus opositores se dirigió para reclamarles voluntad de diálogo en materia de fondos europeos, financiación autonómica, ordenación del territorio, sector financiero, blindaje del bienestar, reforma municipal, planificación de los sectores productivos y mecanismos anticrisis. Les brindó guiños de complicidad, pero también momentos de ceño fruncido. No en vano, los acusó de «nula autocrítica» y les imputó «escaseza de alternativas», amén de desacreditarlos por haber comenzado el ciclo 2012-2016 «competindo» por dirimir quién le endosaba «máis descualificacións». Allá donde las propuestas de PSOE, AGE y BNG colisionaron frontalmente con las suyas, Feijoo, blandiendo el aval de las urnas, las rechazó arguyendo que la mayoría de los gallegos prefieren su hoja de ruta a la de aquellos.

En el polo opuesto, el renovado presidente ciñó a tres el campo de los anuncios. Comunicó que su primera reunión pública tras tomar posesión -lo hará el sábado- ha decidido reservársela a los representantes del lácteo. Y reveló que astilleros de Vigo, Pontevedra y Ferrol optan a nuevos contratos de Pemex. Además, aseguró que, «aínda a costa de outras partidas», aumentará la renta de integración social (risga), si bien no especificó en qué proporción.

Medidas como esa última proceden, pues, como admitió sin ambages, Galicia atraviesa una situación «dura, durísima». Pero mejor que el resto. «A maioría das comunidades de España -defendió- asinarían os datos, malos, pero os datos que temos nós». Y apostilló: «Por iso non estamos tutelados, non vamos pedir ningún rescate».