Nuevos vecinos del rural de Xinzo piden acceso a la fibra óptica

Uxía Carrera Fernández
U. CARRERA OURENSE / LA VOZ

XINZO DE LIMIA

Ariadna Losada, una de las vecinas de la aldea
Ariadna Losada, una de las vecinas de la aldea

Jóvenes de Moreiras llevan dos años reclamando una mejor conexión

24 may 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La aldea de Moreiras, en Xinzo de Limia, está habitada por unos 60 vecinos, un número que aumentó desde la pandemia. Unas ocho parejas de jóvenes dejaron la ciudad para instalarse en el rural pero se toparon con una conexión a internet de baja calidad, lo que dificulta el teletrabajo y también el ocio. Hace dos años que crearon la Asociación de Vecinos Teleclub Moreiras para reactivar el núcleo. Uno de sus objetivos era conseguir acceso a la fibra óptica, pero lamentan que no recibieron respuesta de administraciones ni de las compañías telefónicas.

La fibra óptica se encuentra a dos kilómetros del pueblo de Moreiras. Una de las socias de la entidad vecinal, Ariadna Moreiras, explica que hace años que se pusieron en contacto con el Concello y también con las compañías telefónicas para lograr el despliegue de una mejor conexión. Incluso trasladaron su problema a la Secretaría de Digitalización del Gobierno. Una institución remitía a la otra sin solución alguna: «Nos dijeron que no estaba planificado instalar aquí la fibra, incluso nos apuntamos en listas para que vieron que había interés pero tampoco nos hicieron caso», relata Ariadna. Los vecinos de esta aldea lamentan que no se garantice un servicio básico precisamente en un núcleo que está ganando habitantes e intentando dinamizar el rural.

De las 40 casas abiertas hay al menos 15 que necesitan la fibra para trabajar. «No podemos hacer con conexiones lentas, inestables o inexistentes», denuncian. Hay autónomos, emprendedores digitales o personas que compaginan su puesto en la ciudad con el trabajo a distancia desde el rural. «No tenemos las condiciones mínimas para desarrollar nuestras actividades profesionales», apuntan. Todos los vecinos tienen los rúteres colocados de manera estratégica buscando la conexión más decente, pero sigue condicionando su día a día. «Si el futuro es digital, no puede estar reservado solo para los que viven en la ciudad», defienden. Estos nuevos habitantes quieren quedarse en la aldea, donde realizan actividades y recuperaron los espacios públicos.