Cuando el amor es una obsesión

PEPE SEOANE OURENSE

VERÍN

Un acusado de acoso a una chica no podrá acercarse a ella ni a su familia durante cinco años

29 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Era un amor imposible. Óscar Manuel pretendía a María Luisa, pero ésta no quería saber nada de él. Durante diez años se mantuvo firme, pero ayer dobló. Renunció sin vuelta atrás. El protagonista de este episodio iba a ser juzgado como presunto autor de un delito de coacciones y otro de amenazas. La acusación particular pedía para él penas que suman seis años de prisión; el fiscal también advertía en su proceder un supuesto delito de coacciones y solicitaba, por ello, un año de internamiento en un centro psiquiátrico. La situación se resolvió sin juicio. Abogados y fiscal aproximaron posiciones, llegaron a un acuerdo y ofrecieron al juez una solución. El enamorado se compromete a no acercarse a la chica, ni a su casa ni a su familia, durante cinco años. Se someterá, además, a tratamiento psiquiátrico durante un mínimo de un año, con chequeo mensual por parte del médico forense de Verín, que hace poco más de un año le diagnosticó «trastorno delirante de tipo erotomaníaco». Lo de Óscar Manuel es -diagnóstico de medicina legal- una personalidad obsesiva y paranoide. Lo suyo fue un acoso en toda regla. Tantas ganas tenía de que María Luisa fuese su novia que en una ocasión, agosto de 1993, atropelló a los padres de la chica, convencido de que eran ellos quienes se interponían para evitar que sus deseos prosperasen y la pareja llegase a tomar forma. No fueron, de todos modos, los únicos destinatarios de la locura de amor que durante más de diez años ha acompañado a este verinense que en la actualidad cuenta 31 años y trata de reiniciar unos estudios universitarios seriamente afectados, no sólo por su obsesión sino por los tratamientos psiquiátricos a los que fue sometido en los últimos años, inútiles en la medida en la que no consiguieron que desapareciera su delirante empeño. Insultos y amenazas No era el de Óscar Manuel un amor platónico. Atropelló a los padres de la chica, pero no fueron los únicos destinatarios de su enfermizo deseo. Cuantos amigos o compañeros de la chica pudiera ver con ella eran objeto de insultos o amenazas. A uno de ellos, además, le golpeó por la espalda, según detalla la acusación. Que Óscar quería a María Luisa se lo demostró con hechos, siempre tras ella, pero también por escrito. Entre 1996 y 2000 dirigió, además, varias cartas a la chica, una licenciada en Derecho cuya tranquilidad y estabilidad se ha visto alterada por la actuación de este vecino. «Sea como sea, a ver si despierto y te voy a buscar, porque yo, a lo largo de aproximadamente este último año a veces se me pasa por la cabeza que me echan droga en el Cola Cao», decía en una carta de noviembre de 1999. Otra misiva, posterior a la denuncia, deja claros sus sentimientos. «Se me hace violento ir a picar en la casa de tus padres o llamarte por teléfono -escribía-, me hicisteis daño con el asunto de la denuncia, por así decirlo, y ahora tengo que volver a empezar, es un tiempo asesinado que yo no veo reversible, menos mal que también estás tú. Sin más, ya te voy a buscar».