Rubiá y el Santísimo Sacramento

A. CASTRO VOCES O BARCO

RUBIÁ

SONIA PACIOS

La cofradía fue fundada a finales del siglo XVI y se redactaron sus primeros estatutos siendo abad de la parroquia Juan Yáñez Arias La parroquia e iglesia de Santa Mariña de Rubiá a lo largo de su dilatada historia ha conocido y pasado por diversos avatares. Desde ampliaciones, obras de nueva planta, cambio de fiesta y patrono, conversión en albergue de varias capellanías, hasta la creación de una cofradía, la del Santísimo Sacramento. En el año 1579 se redactaron las primeras Constituciones, siendo abad de la parroquia Juan Yáñez Arias. Estas reglas y estatutos fueron aprobados el 2 de diciembre del año 1597 por el entonces procurador General del obispado Mateo de Samaniego, siendo titular de la Diócesis de Astorga Antonio de Cáceres.

28 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Las denominadas Constituciones constan de 21 artículos que según recoge el profesor López Caneda «revelan con claridad los fines genéricos de toda cofradía: incremento de la devoción al santo titular, en este caso el Santísimo Sacramento; potenciación de los actos de culto, que han de hacerse con toda pompa, especialmente en la festividad del Corpus Christi con misa cantada y procesión muy solemne; atención espiritual a los hermanos cofrades enfermos; acompañamiento obligatorio del cadáver, con cera ardiente, de los cofrades muertos, etc.». Su redacción comienza con los nombres de los primeros cofrades, «Mateo Álvarez, maiordomo de la Lumbre del Santísimo Sacramento de la Yglesia de Santa Marina de Rubiana y Pedro Enríquez, Juan García Armesto, Pedro Fernández, Juan Fernández Revellón, Pedro del Barrio del Viñal, Domingo Rioseco, Pedro Núñez, Pedro de Prada de Lago, Francisco Ares, Antonio Fernández Cura, Francisco Ares Dentrambasaguas y Bartolomé Álvarez de Pacios». Ellos eran quienes, «por nosotros y en boz de los más cofrades» daban cuerpo y forma a esta nueva institución, vivo exponente del fervor religioso imperante en la parroquia y que se manifestaba a través de la cofradía. Pagos de los cofrades Los estatutos y demás disposiciones se sintetizan en los siguientes apartados. Cada cofrade debía pagar de entrada un real y medio, media tega de trigo y un cuartillo de trigo para la cera de los domingos. Estaría administrada por un juez y un mayordomo que custodiaban los correspondientes libros de cuentas. El mayordomo se encargaría del cobro de las limosnas en los meses de agosto y de septiembre y aquel que no lo pagase en esa fecha será castigado con medio real de sanción. La cofradía debía tener cirios y dos hachas grandes para alumbrar al Santísimo Sacramento en las procesiones y fiestas mayores. Cada tercer domingo de mes se decía misa por los cofrades difuntos y la salud de los vivos, debiendo los cofrades tener cirios encendidos al evangelio y en tanto en cuanto el sacerdote estuviera en la sacristía. El cofrade que faltare a este acto sin causa justificada pagaría un cuartillo para ayuda de la lumbre. El día de Corpus se estipulada una misa cantada con procesión en torno a la iglesia y al pueblo con gran solemnidad y afluencia de clérigos, y el cofrade «que no asista a este acto pagará media libra de cera». Nadie podía llevar un cirio de la cofradía sin ser cofrade, so pena de un cuarto de multa, salvo «si fuese persona noble o de condición hidalga». Si algún cofrade estuviese enfermo lo visitaría el cura acompañado de dos cofrades, y si estuviere en peligro de muerte estaría acompañado por cuatro cofrades, en turnos de dos cada dos horas, acompañados por el cura so pena de media libra de cera. Cuando falleciera, los demás del pueblo estaban obligados a acompañar el cadáver hasta la iglesia y cementerio, teniendo el difunto que pagar media libra de cera y medio real de limosna. Si se llevase el Santísimo Sacramento a algún enfermo iría acompañado por todos los cofrades, so pena de un cuartillo de cera. Si éste se llevaba a algún pobre que no pudiese hacerse cofrade no se le cobraría, y cuando fuese una persona rica pagaría dos reales. El día de la festividad de la cofradía habría comida gratis para los curas que acudieran a honrarla, no pudiendo sentarse ningún lego a la mesa, so pena de una libra de cera.