Nos quedamos todos secos

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa DESDE MI BARRIO

RIBADAVIA

Yal final el mes va camino de su fin y no llovió apenas. No me entiendan mal. No se trata de que le deseara estropear el veraneo en la costa a los que dejaron la ciudad medio vacía, es que empieza a ser una cuestión de necesidad. Y no solo por los incendios forestales que un agosto más asolaron la provincia, que también. La sequía empieza a ser una realidad en Ourense. De momento, el rural es el más afectado y los camiones cisternas ya han comenzado a descargar en las aldeas más afectadas. Cauces como el del río Támega se han quedado secos en diferentes zonas y hasta en la ciudad, el río Miño muestra una imagen insólita. El de la sequía es un problema que a los ourensanos nos coge con el pie cambiado. No estamos acostumbrados y me temo que va a costar un cambio de hábitos.

A nivel político, se han dado los primeros pasos en el Concello de Ourense y, por ejemplo, se ha reducido el baldeo a más de la mitad. Pero falta concienciar a los vecinos. Falta que todo el mundo cierre el grifo del agua mientras se enjabona o cepilla los dientes, falta poner freno a los abusos en fincas y jardines o que, por ejemplo, el llenado de las piscinas tenga un control más exhaustivo. Luego también falta que no tiremos el agua por caprichos. Y a eso suena lo que sucedió esta semana en Ribadavia, cuando la Mancomunidade (PP) no dudó en llenar un estanque de agua que el gobierno local (PSOE) se negaba a hacerlo. Difícil les será convencer luego a los vecinos de que se contengan después de comprobar semejante espectáculo de derroche de agua en plena sequía.