Una joven comunidad sostiene con vida de barrio el abandonado casco histórico de Ourense
OURENSE CIUDAD
Un amplio grupo de vecinos creó un lugar de convivencia en los últimos años: llegaron nuevos, sus hijos ya juegan juntos y perciben interés por mudarse a la zona
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El sur del casco viejo de Ourense, comprendido entre la Praza Maior y el Xardín do Posío, es la parte de la zona histórica en la más se vive como un barrio. Es un ambiente que fue resurgiendo en los últimos veinte años gracias a una comunidad que se unió aunque «ninguén daba un duro» por esta parte de la ciudad. Está formada por jóvenes que crecieron, ahora algunos son padres de niños pequeños, y ven cómo continúa el interés de las nuevas generaciones en ser sus vecinos. El barrio se mantiene activo y gana tímidamente habitantes pese al sangrante abandono por parte de la administración.
Desde la Asociación Vecinal Casco Vello de Ourense cuentan que la comunidad es muy diversa, incluso polarizada. Hay vecinos muy mayores y veinteañeros, aunque los más veteranos van falleciendo sin que los remplace nadie de su quinta. «Hai certas dificultades para que xente de certa idade viva aquí, non é cómodo pola antigüidade dos edificios ou as restricións de transporte, falta de garaxes...», apunta una de las socias. Ella tiene 42 años y lleva 15 viviendo en la zona sur del casco viejo. Cuenta que muchos de los vecinos, como ella, ya están asentados desde principios de los 2000, cuando el abandono del barrio era todavía peor.
«Partimos de que hai vinte anos ou así ninguén apostaba por esa parte do casco vello, pero reformáronse casas, houbo un rexurdimento e pequenos lavados de cara e agora si é unha zona que interesa», explica. Aquellos primeros jóvenes que se mudaron al entorno de la calle Hernán Cortés o la calle Colón crecieron y fueron conformando una comunidad. Tienen un amplio grupo de whatsapp, con personas desde los 29 a los 80 años, que facilita mantener el barrio vivo y en el que incluyen a todo el que llega. Una parte de ellos ya tiene descendencia, con hijos entre los cinco o los 12 años: «É marabilloso porque a chavalada xúntase e xoga na rúa, é un espazo que se presta á convivencia». Esa relación entre vecinos es algo, según explican ellos mismos, que buscan activamente.
Los edificios que se recuperaron hace años para viviendas fueron sumando muy a cuentagotas otros pisos nuevos, como algunos en la rúa da Imprenta o en Hernán Cortes. Eso permitió —junto a los que se fueron quedando vacíos— que llegasen nuevos jóvenes vecinos. «A través da asociación pregúntannos por pisos de aluguer e incluso teñen timbrado na casa xente nova para preguntar se hai algunha vivenda dispoñible», cuentan. Los comerciantes del barrio también secundan ese creciente interés de jóvenes familias en instalarse en la zona. La oferta de alquiler, como en el resto de la ciudad, es escasa y de precios elevados. Creen que supondrá un importante cambio el inmueble que la Xunta está rehabilitando en la plaza Manuel Sueiro,con cinco viviendas de promoción pública, una de ellas adaptada. Hay más obras en marcha de iniciativas privadas.
La importancia de negocios implicados
Para que se dé esta activa vida de barrio son clave los «marabillosos» negocios que perviven. Aunque una gran parte de los locales comerciales están cerrados, aquellos que funcionan ponen de su parte para dinamizar el barrio. Uno es el Pueblo Café Cultural, donde se reunieron para este reportaje y donde cada semana hay iniciativas artísticas. También suman el Rock Club, el Grandola, el Ceres 1894, restaurantes como la Arrocería Entrepedras, la Galería Dodó Dadá o el taller de costura Raimundo Valencia. Hay tiendas históricas como A Bufarda Xoguetería y de artesanía como A Picota. De hecho, recientemente comentaron en la asociación la posibilidad de poner en marcha alguna iniciativa para «dar un pouco de puliño» a los comercios. «Temos alimentación, artesanía, un montón de servicios... sempre falamos de que é un barrio con autonomía, podemos non saír de aquí e ter todo», defienden. Además, desde la entidad vecinal organizan actividades como zumba, yoga o talleres así como fiestas en fechas señaladas.
La zona sur del casco viejo deja ver esta cara amable, pero en medio de una situación de abandono por parte del gobierno local. Los vecinos enviaron varios escritos al Concello con quejas y denuncias que no obtuvieron respuesta ni solución. «Non se mellorou e incluso diríamos que empeorou», sentencian. Un importante número de edificios están en ruinas, otros apuntalados o medio derruidos. Esa falta de cuidado implica cierta marginalidad. En ocasiones puntuales hay personas consumiendo en la calle o refugiadas como pueden entre las paredes abandonadas. No es cualquier tipo de estructura: son edificios antiguos, con piedras de la arquitectura tradicional gallega cayendo en el olvido. «É unha zona que hai que mimar e vemos que cada vez se rompe máis», aseguran.
Otro de los inconvenientes con los que conviven es el tráfico. Las cámaras de la zona peatonal no se activaron hasta hace unas semanas y por el momento es difícil concluir si la medida está dando resultado. Hasta ahora, numerosos conductores se saltaban la restricción y circulaban por las estrechas calles «sen ningún control», incluso en dirección contraria y a más velocidad que la recomendada. Pese a las dificultades, un amplio grupo de ourensanos continúa uniéndose para hacer una vida en comunidad en una zona histórica.