DIETARIO | O |
27 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.SONABAN las alarmas desde hacía meses. Casi nadie quiso escuchar. Se veían señales que alertaban de que la deslocalización maldita condenaría a Ourense a quedarse sin una empresa más. Pocos le dieron la trascendencia que realmente tenía. Los trabajadores buscaban el apoyo de la sociedad y de los poderes públicos «polo mantemento dos postos de traballo de Valeo Ourense». Se difuminaron entre las protestas cotidianas. No hubo la respuesta que se esperaba, ni social, ni económica, ni política, ni sindical. Hoy el lema de esa pancarta sirve para anunciar que de nuevo se cierran puertas, que de nuevo tenemos que ver escapar recursos, que la lucha era desigual y las armas no llegaron a tiempo y que ahora se reacciona probablemente tarde. Se presiona ahora que la decisión empresarial está tomada. Y a las multinacionales se les habla en clave de rentabilidad no de sentimientos ni de desarrollos provinciales. Pero la realidad es terca y se empeña en demostrar que de buenas intenciones vamos sobrados pero de actuaciones efectivas andamos muy escasos. En demostrar que nos siguen faltando reflejos y sobrando lamentos. Y que perdemos demasiado tiempo soñando planes estratégicos mientras los estrategas están en otro lado.