Homenaje a los héroes del progreso

Vecinos de O Irixo rindieron homenaje a los que fallecieron por la construcción del túnel ferroviario de San Cosme

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Ourense / la voz

En el espíritu de los hombres anida el anhelo del progreso. Y el progreso en sí no es malo, todo lo contrario; aunque esos avances de los que se han beneficiado las generaciones posteriores, en ocasiones, se hayan cobrado muchas vidas. La reflexión la hacía ayer el obispo de Ourense, Leonardo Lemos Montanet, durante la misa que se ofreció en memoria de más de ochenta vecinos del Concello de O Irixo que trabajaron en la construcción del túnel del ferrocarril entre San Cosme y Abeleda en los años 50 y que, por accidente algunos, y por silicosis los más, fallecieron mucho en plena juventud.

La mayoría eran del propio pueblo de San Cosme, pero también los había de otros muchos núcleos del municipio. «Era moita a necesidade que había naqueles tempos, e era unha oportunidade para levar un diñeiro máis á casa. Non sabían as consecuencias que lles ía traer», resumía el presidente de la Asociación de vecinos de San Cosme, José Manuel Ferradás. Con aquel dinero extra que conseguían en ese sacrificado trabajo abriendo a pico y pala el hueco en la roca del monte para liberar el camino por el que debía pasar el trazado férreo, pudieron hacerse casas, comprar tierras en las que continuar su labor agrícola y ganadera -muchos siguieron compaginando el trabajo en el campo- estudiar a los hijos y mejorar la economía de todo el contorno.

Así lo recordaron durante el acto varios miembros de la asociación vecinal de la que partió este homenaje y que se encargaron incluso de localizar a descendientes de aquellos 80 fallecidos para invitarlos a un acto pensado, sobre todo, para agradecer lo que su sacrificio supuso para el propio desarrollo de la parroquia y de todo el municipio. Dar con esos descendientes no fue tarea sencilla. «Localizamos aos que puidemos porque moitos deses descendentes xa non viven aquí», señalaba Ferradás, que agradecía la colaboración del alcalde del Punxín, Manuel Penedo, y de la Diputación de Ourense -estuvo representada por Rosendo Fernández- para preparar ese homenaje.

Los descendientes que acudieron vivieron muchos momentos de emoción. Porque no solo se rememoraron las duras condiciones en las que trabajaron sus antepasados, sacrificando sin saberlo su salud por lograr un mejor porvenir para los suyos. Hubo también homenaje paralelo a sus mujeres. Aquellas viudas que, tal y como recordaron varios de los intervinientes, tuvieron que afrontar la dura tarea de sacar adelante a su prole -mucho más numerosas de lo que hoy es habitual- en solitario y trabajando el campo. Y que además tuvieron que pasar el trago de ver cómo se exhumaban los restos de sus esposos fallecidos para certificar que la causa del fallecimiento era silicosis. «A maioría morreron entre 30 e 40 anos, e algúns con vinte e poucos», rememoraban.

Desde ayer, el recuerdo de todos los que trabajaron en ese túnel de apenas tres kilómetros que se llevó por delante a toda una generación de varones será permanente. Una estatua con la figura de un hombre con boina y un pico, colocada junto a la iglesia, les recordará para siempre.

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