Antonio Melo, empresario jubilado: «La sirena de nuestra empresa, Talleres Meleiro, ajustó el horario de trabajo de mucha gente»

María Cobas Vázquez
maría cobas O BARCO / LA VOZ

O BARCO DE VALDEORRAS

Antonio Melo elige como su rincón el salón de su casa, en el que pasa muchas horas.
Antonio Melo elige como su rincón el salón de su casa, en el que pasa muchas horas. Santi M. Amil

Fue uno de los fundadores de Aeva: «La unión es fundamental para tener fuerza»

18 may 2025 . Actualizado a las 19:47 h.

Antonio Melo creció sabiendo que su futuro estaba en la empresa familiar. Siendo un niño, al salir de la escuela, acudía hasta Talleres Meleiro —la empresa fundada por su padre y Ambrosio Lameiro, que unieron sus apellidos para crear el nombre— a atar las herraduras en paquetes de 24 piezas. «Si quería ir al cine, era lo que tenía que hacer», relata. «Entonces un veterinario ganaba poco y éramos muchos hermanos», explica el pequeño de la familia sobre el origen de un negocio que comenzó centrado en la elaboración de lejías y jabones. Por aquel entonces la empresa ya pertenecía en exclusiva a Santiago Melo Pisón —que decidió mantener la marca en agradecimiento a quien había sido su socio capitalista—.

Tras rematar su formación en O Barco de Valdeorras, Antonio se fue a la escuela de peritos de Vigo. «La química me gustaba y la parte industrial me valía para los talleres, así que mi padre me envió allí», rememora. No hubo demasiado de elección, sino que el progenitor se encargó de que sus tres hijos varones (Francisco, Santiago y Antonio) se formasen para asumir las diferentes partes del negocio. Para cuando Melo se convirtió en trabajador oficial de la empresa, esta se había trasladado a las míticas naves del otro lado de la vía del tren y estrenaba el timbre que sonaba cada vez que empezaba o acababa un turno de trabajo. Fue toda una revolución, recuerda Antonio. «En aquella época la gente no tenía reloj, así que muchos patrones retrasaban el suyo para que los jornaleros trabajasen más tiempo del que les tocaba», recuerda el hombre. Su padre se dio cuenta de lo que ocurría e ideó el sonoro aviso, que no solo indicaba a sus empleados de que tocaba ponerse a la faena o irse a casa, sino que también alertaba a muchos que estaban trabajando en el campo. «La sirena de Talleres Meleiro ajustó el horario de trabajo de mucha gente, porque al oírla sabían que ya habían hecho las ocho horas», remarca Melo. Reconoce su orgullo por la idea del progenitor por lo que supuso de avance para los derechos laborales de un sinfín de valdeorreses. Sonaba a las 8.30, las 13.00, las 14.30 y las 18.00 horas.

El negocio fue creciendo y de vender hierro y realizar trabajos en forja para cuestiones relacionadas con las labores en el campo, Talleres Meleiro pasó a reparar vagones del tren. En los buenos tiempos, daba empleo a unas 90 personas. En la historia de la compañía —que cerró hace un par de años— fueron más de 600 trabajadores. «Observo que la gente me quiere», dice con una sonrisa. Y así se lo demostraron cuando hace un par de años organizó una merienda con muchos de ellos. «En los años 60, Talleres Meleiro y Cedie eran las principales empresas de la zona», remarca. El bum de la pizarra fue posterior.

Siguiendo el modelo de su padre —de quien remarca su carácter inquieto y su trabajo para mejorar la vida de sus vecinos, impulsando el matadero o reclamando el instituto—, Melo fue una persona muy activa en la vida social, política y empresarial de la comarca. Fue delegado de la CEO en Valdeorras y uno de los fundadores de Aeva. «La unión es fundamental para tener más fuerza», dice a modo de mantra. Es socio del Casino, cuya presidencia ostentaba cuando se construyó el edificio del Malecón, en 1974; y del Instituto de Estudios Valdeorreses. Fue elegido concejal por AP en las primeras elecciones de la democracia y es habitual en los actos del Partido Popular, a los que acude del brazo de su hijo Antonio, edil en la oposición.

Jubilado desde hace más de treinta años, su rutina diaria comienza leyendo el periódico. Después, dependiendo de si el día invita a salir de casa o no, se queda escribiendo su diario o baja al jardín a cuidar los rosales y varios árboles frutales. Los fines de semana no perdona el vino con los amigos en la plaza. Es también uno de los incondicionales de la Festa do Botelo, a la que no falta cada mes de enero. Entre sus planes está celebrar su 99 cumpleaños en la multitudinaria comida.

Padre de tres hijos, presume de sus seis nietos. Y lanza recado: «Pedimos bisnietos».

Florina y Antonio llevan 66 años casados.
Florina y Antonio llevan 66 años casados. Santi M. Amil

Lleva 66 años casado con Florina, una asturiana que llegó como docente

Llegó a O Barco por trabajo y se quedó por amor. Ese podría ser el resumen que explica cómo el veterinario riojano Santiago Melo Pisón recaló en Valdeorras. Era veterinario y, tras pasar por A Gudiña, le dieron plaza en O Barco. En las fiestas de Vilamartín conoció a la que sería su mujer y nunca más se fue. Años más tarde, quien llegó a la provincia fue Florina García. Asturiana de nacimiento, tenía que hacer sus prácticas como profesora y buscó un lugar que tuviese una buena conexión por tren desde Oviedo —buena era casi un día de viaje, transbordo en León incluido— y eligió O Barco. Compartía pandilla con Antonio y ahí surgió el amor de la que fue primero profesora en la Academia Dequidt para después pasar al colegio Divina Pastora y rematar su carrera docente en el IES Martaguisela, del que fue su primera directora. Fue la profesora de latín y griego de varias generaciones, y también, en su última etapa, de lengua y literatura. El pasado enero celebraron 66 años de casados.

ADN

Quién es. Antonio Melo Fernández nació en O Barco de Valdeorras el 24 de enero de 1927. Es el pequeño de los seis hijos que tuvieron Santiago Melo Pisón y Carmen Fernández Trincado.

A qué se dedica. Perito industrial químico, fue jefe de talleres de Meleiro.

Su rincón. Elige su casa. Podría escoger también el jardín y el huerto en el que pasa muchas horas, pero el día de la fotografía llovía demasiado. «Antes estaba metido en todo, ahora estoy metido en casa», dice.