Las cepas de vid brotan un mes más tarde que hace un año

La perspectiva es un retraso en la recogida de la uva respecto a lo sucedido en 2017


ourense / la voz

No hay dos años iguales en el campo. Y así lo demuestra la realidad de manera constante. Tras una vendimia anormalmente precoz, con bodegas recogiendo la uva a mediados de agosto (el día 13, en Valdeorras), todo indica que esta campaña la recolección se retrasará hasta septiembre e incluso octubre en zonas que siempre van más avanzadas en el calendario como Ribeira Sacra. En general, en las cuatro denominaciones de origen de la provincia se espera que la recolección se retrase porque la brotación viene -por regla general- un mes más tarde que en 2017.

«Non é algo só da vide, pasa tamén nas árbores frutais; que vén tardía a brotación, un mes máis tarde... A día de hoxe non brotou practicamente nada, salgo no val da Rúa e nalgunha zona baixa, no resto nada», explica José Luis García Pando, presidente de la D.O. Valdeorras. Dice que lo normal sería que las vides estuviesen ya brotadas, «pero é normal co clima que ten feito», pero remarca también que no supone ningún problema. Más bien, puede ser una ventaja. «De momento non é ningún problema, ao revés, pode ser favorable porque se hai unha xeada a estas alturas, ou tardía, aínda as colle sen rebentar ou moi pequeniñas», por lo que el impacto sería prácticamente nulo.

En Monterrei, las perspectivas para la campaña son optimistas. El secretario técnico del consejo regulador, Miguel López, matiza que pese a que aún es una época muy prematura para hacer afirmaciones sobre la vendimia, «las expectativas son buenas. Las lluvias de los últimos meses no han perjudicado a la planta, todo lo contrario, el terreno está en unas condiciones óptimas y no hay motivo para estar preocupado». Aseveró. Las bajas temperaturas del invierno tampoco han dañado a los viñedos. «El inicio de la brotación de la planta se retrasará un poco con respecto a anteriores campañas y comenzará de inmediato. El estado del suelo es bueno y nada hace sospechar a día de hoy que puede haber dificultades; aunque insisto es que es muy pronto para realizar afirmaciones tajantes».

En Ribeira Sacra un viticultor de la ribera chantadina de San Fiz cuenta que «o ano pasado, por estas mesmas datas, os brotes tiñan unha cuarta».

Esta primavera apenas se ven hinchados. Entre los bancales de su viña, bien abrigada y próxima al cauce del Miño, la brotación se presenta tardía y muy desigual. El enólogo Luis Buitrón visita los viñedos de una de las bodegas que asesora en la zona ourensana del Bibei. El retraso en el ciclo vegetativo de la vid también es patente allí, pero Buitrón lo relativiza al recurrir a una perspectiva temporal más amplia. «Este año se puede considerar normal. Anormal era lo que pasó en las últimas cosechas. Comenzar a vendimiar a finales de septiembre no debería considerarse raro en Ribeira Sacra, lo que es una salvajada es hacerlo a mediados de agosto», señala.

En el caso de la denominación de origen O Ribeiro la situación no reviste ningún tipo de contratiempo ni retraso y el ciclo anual se desarrolla según los parámetros habituales para estas fechas. En principio, y de no producirse ningún percance o episodios de climatología adversos, los tratamientos y los plazos para la vendimia de este año se desarrollarán con normalidad. Desde el servicio del Control de Calidade do Consello Regulador do Ribeiro no se aprecia ninguna anomalía en la campaña.

Información elaborada por Luis Díaz, Sindo Martínez, Xosé Manoel Rodríguez y María Cobas

La demora evita los daños de posibles heladas en abril o mayo pero mete la vendimia en otoño

Como casi todo en la vida, la situación actual del viñedo tiene sus partes buenas y sus partes malas. La positiva es que con una brotación tardía como está sucediendo en Valdeorras, Monterrei y Ribeira Sacra, los viticultores no van a tener que preocuparse si vienen heladas importantes a finales de mes, como sucedió el año pasado (y quemó parte de la cosecha). La brotación tardía permitirá que los racimos tomen cuerpo después del período crítico de las heladas primaverales, que va de finales de abril a la primera semana de mayo.

Claro que un retraso en la brotación retrasará todo el proceso productivo, por lo que también se atrasará la vendimia. Cuanto más tarde se recoge la uva, mayor es el riesgo de que coincida con las lluvias otoñales. En esas condiciones, no todas la viñas alcanzan un punto óptimo de madurez.

Por estas fechas había racimos

Las heladas que arrasaron la cosecha de 2017 se produjeron los días 27 y 28 de abril, cuando los racimos estaban muy desarrollados. Este año habrá que esperar a bien entrado mayo para ver un estado similar del ciclo vegetativo de la vid en la mayoría de las viñas. «Si lo que está pasando es bueno o malo, dependerá del tiempo que venga a partir de ahora. Para las zonas donde la uva tarda más en madurar, puede ser un problema», afirma José María Prieto, de la bodega Régoa, que asegura que «llevo veinte años en esta ribera [en Amandi] y nunca había visto una brotación tan tardía». Las yemas de las que deberán salir los racimos despuntan con timidez en una de las laderas más precoces de Ribeira Sacra.

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