Un rincón idílico en A Bola

CELANOVA

El área recreativa se llena de grupos de familias o amigos que llegan de toda la comarca para pasar la jornada completa

14 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Una amplia y espesa arboleda da la bienvenida a los visitantes del área recreativa de A Bola y sirve de refugio para los vehículos que no pueden llegar a la zona de recreo a la que se accede por un pequeño puente sobre el cauce fluvial. Una limitación de acceso que es, sin duda, un acierto para hacer más impactante la primera visión del lugar: un amplio praderío, imposible de abarcar en su totalidad desde cualquier punto de la zona.

La razón de esta sensación de amplitud está en el diseño de la propia área, que dibuja un semicírculo a distintos niveles de altura y siguiendo el canal del río Arnoia encauzado, y que sirve también de interminable piscina a los usuarios. En la zona central, un edificio, también circular, guarda los servicios y la cafetería con terraza incluida.

El resto es tierra conquistada para el ocio en grupo. A lo largo de ella, parrillas humeantes dejan escapar su tentador aroma a churrascos variados. A pocos metros de cada fogón -y de cada fogonero-, familias o grupos de amigos van preparando los platos sobre las mesas de piedra y aderezando ensaladas o colocando los aperitivos.

Muchos son pandillas de jóvenes de la cercana villa de Celanova. «Nos venimos a menudo porque aquí se está mucho mejor que en las piscinas, puedes hacer un montón de cosas, no te aburres en todo el día y es mucho más barato, porque es gratis» explican entre risas Tania, Noa, Alba y Zaida.

Otros vienen desde más lejos, como la familia Rodríguez. Los abuelos, Sergio y Benigna son de Vilavidal (Ramirás), pero aseguran que cada año se escapan «un par de días por lo menos» al área de A Bola para disfrutar acompañados de sus hijos Santos y Elena, de sus nietos Eva y Manel y de sus dos bisnietos. Todos están de acuerdo en que lo mejor del lugar es «la belleza del paisaje y la tranquilidad, que no tiene nada que ver con la vida en Barcelona», donde residen el resto del año.

A los visitantes de jornada completa, se unen muchos vecinos desde primera hora de la tarde.

Ellos se conforman con «un par de horitas, para hacer una pausa y seguir con las tareas del día», explica María del Carmen.