Clase práctica sobre Justicia

CELANOVA

La celebración de una jornada de puertas abiertas permitió ayer que estudiantes y ciudadanos acudieran a ver juicios

17 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Asistir a un juicio, siempre que sea como vidente y no como acusado, puede resultar una iniciativa más que enriquecedora. Pudieron comprobarlo ayer una treintena de estudiantes de ciclos formativos del instituto de Celanova, que se convirtieron en los principales protagonistas de la jornada anual de puertas abiertas del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, que se celebró en la capital ourensana.

Eso sí, la clase práctica requirió, como primer esfuerzo, un pequeño madrugón. Así, a las nueve y media de la mañana los escolares eran recibidos por el presidente de la Audiencia, Fernando Alañón, y por el magistrado del Juzgado de lo Penal número 2, Javier Bobillo.

Alañón Olmedo ilustró a los estudiantes, sentados ya en la tribuna del público de la sala de vistas, con una pequeña explicación en la que les dio algunos detalles clave sobre los entresijos de la celebración de un juicio y las partes que desempeñan quienes están en una sala de vistas.

Las puñetas

Los mismos chicos tuvieron la oportunidad de solventar algunas de las dudas que les iban surgiendo a medida que avanzaba la explicación. Como no, la vestimenta de los representantes de las distintas partes había llamado la atención de los estudiantes y no perdieron el tiempo en preguntar el porqué de las diferencias entre togas, ya que unas llevan puñetas -encajes en las bocamangas- y las otras no.

El magistrado, explicó que se trata de bordados que llevan exclusivamente los magistrados, secretarios y fiscales, como signo de su categoría.

Clarificadas ya estas y otras cuestiones dieron comienzo los juicios señalados para la mañana. Una alcoholemia, un incendio forestal imprudente y, ya por último, un concurrido juicio por las lesiones sufridas por un particular en un pub centraron la atención de los estudiantes durante las tres horas siguientes. En silencio y con atención, al menos toda la que fueron capaces de mantener, los chicos escucharon los argumentos de los acusados y presenciaron, incluso, la declaración de un testigo protegido al que un rústico biombo de plástico -cosas de la falta de medios de la que tanto se habla- separaba de los acusados a los que debía reconocer, sin ser visto.

Al término de la jornada, algunos chicos comentaban, como nota curiosa, el lenguaje que utilizan las partes en un juicio. El «con la venia», a ellos aún les suena raro.