Al bosque de Ridimoas hay que subir el agua en caballo para regar
18 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Hay un lugar en Galicia en donde el clima parece haberse equivocado de zona. Es la comarca de O Ribeiro, donde el aire atlántico se ha travestido con un ligero gusto mediterráneo que hace más suave el tiempo. Es bueno para la uva. Pero también tiene sus consecuencias.
Sobre todo en un octubre como éste, en el que la lluvia parece haberse olvidado de regar las montañas. Este nuevo escenario es el que ha obligado al ecologista Pablo Rodríguez, Oitaben a tener que ascender al bosque de Ridimoas, en Beade, dos o tres veces por semana para evitar que los árboles acaben convertidos en sombras de madera sobre la tierra infértil. «En tres días vas facendo o circuito para levar auga a todo o bosque», explica. Durante el verano esa es una labor habitual, pero nunca había durado hasta el mes de octubre.
Tampoco había tenido que subir tantas veces por semana hasta la cima. Lo normal es que llene una cisterna de agua en la fuente para rellenar aquellos espacios en los que beben los seres vivos que pueblan el bosque.
Pero la sequía tampoco perdona en la cumbre. «Os castiñeiros están quedando secos», dice Oitaben.
Hasta allí, a la parte alta, no llegan los coches. Por eso tiene que echar mano de la tracción animal. Utiliza para ascender con el agua una yegua que, poco a poco, va subiendo por los caminos, cual equilibrista. No es fácil avanzar. Pero a fuerza de repetir los viajes una y otra vez, la conjunción del ecologista y su montura ya se da por supuesta. Con pocas ayudas pero con toneladas de amor a la naturaleza, se hace cada verano el milagro de que a una enseña del Ribeiro como es Ridimoas no se seque. Y todo para que a ningún árbol le falte el agua necesaria en estos tiempos de extrema sequía que ni el mes de octubre es capaz de frenar. Y porque es un bien fundamental para el bosque.