Playa en la montaña de Ourense

A VEIGA

Santi M. Amil

A Veiga cuenta con un arenal a 800 metros de altura sobre el nivel del mar

17 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Y al llegar agosto, vaya, vaya, aquí no hay playa». Lo cantaban Los Refrescos allá por... Buff, allá por hace mucho. Hablaban de Madrid, pero bien podría aplicarse a cualquier provincia de interior. Bueno, a cualquiera no. Ourense sigue siendo la única provincia gallega sin mar, pero no sin playa, hamacas, arena, pedaletas y demás cuestiones asociadas a la costa y el verano. En A Veiga ofrecen todo eso y más en las dos playas que hay en el embalse de Prada: la de los Franceses -llamada así porque los principales usuarios antaño eran los emigrantes que regresaban en verano, y que hoy todavía son fieles a su cita anual cada agosto- y la de O Coiñedo. Con servicio de socorrismo incluido. Y agua que no corta al entrar (¡punto para Ourense!). Todo eso, a 800 metros sobre el nivel del mar. Y con vistas a Trevinca, el techo de Galicia. No está mal, ¿no?

De todas las posibilidades disfrutaban en días pasados en A Veiga decenas de personas (otro punto a favor: el abarrote aquí es difícil de sufrir) en una jornada soleada a más de treinta grados. ¿Que hace mucho sol? El pinar acoge a los que buscan la sombra. Y si no, al agua. Un gran embalse para poder nadar, remar en piragua, saltar sobre una colchoneta gigante en medio del agua -gratis- o tirarse desde el tobogán de las pedaletas. Uno de los modelos simula un coche, con sus ruedas y sus faros. Llamativo, y perfecto para dejar ir a los niños sin perderlos de vista.

Pedaletas y piraguas pueden alquilarse en los pantalanes de ambas playas. El precio es de tres euros por persona y hora, el mismo que el de las bicis, para los que prefieran dar un paseo alrededor del embalse. «Los menores de tres años no pagan, y los vecinos tienen un descuento del 20 %», explicaba Rubén Rodríguez, que ejerce de socorrista, junto con María Anta, quien colabora como voluntaria en el servicio. Ambos contaban que viene gente «de todos lados», algo fácil de comprobar con darse un paseo por la playa. Los acentos locales se entrelazan con los que fácilmente se sitúan en otros puntos de España y hasta de Europa. «Es perfecto para los pequeños, porque el agua está calentita», decía una alicantina.