La necesidad vital de enseñar

Parderrubias recuerda estos días a Isolino Camba, que fue el maestro del pueblo durante 22 años


ourense

«Nos supo transmitir como nadie la necesidad del esfuerzo para lograr el éxito». Son palabras de Juan Carlos Sierra Freire. La lección a la que se refiere la recibió en la escuela de Parderrubias (A Merca) del que fue maestro allí durante 22 años, Isolino Camba (1913-2001). A él se le rinde homenaje estos días, como docente pero también como vecino, como recuerda Sierra, que forma parte del comité organizador de los actos en su memoria. El pasado domingo se inauguró una exposición y ayer se descubrió una placa con su nombre en el local social. «Como maestro, su labor tuvo una enorme influencia en los niños de Parderrubias de finales de los años cincuenta, sesenta y setenta», explica Sierra. Y lo hace basándose en datos muy concretos. Asegura que el analfabetismo era menor que en el resto de España y que superaban la media de alumnos que obtenían el título de Educación Primaria. «Mientras en la España rural, en los años sesenta, menos de un 5% de los hijos de agricultores llegaban a cursar estudios universitarios, en Parderrubias, un pueblo en el que el 90 % de sus vecinos eran agricultores, el 57 % los alumnos de don Isolino, entre 1960 y 1970, cursaron estudios superiores. La excelencia que tan de moda está hoy en el mundo académico, ya existía y estaba con nosotros en la escuela de Parderrubias en los años sesenta y setenta», concreta.

Pero no deja de lado el papel de Isolino como vecino. «Supo poner su rol de maestro al servicio del pueblo, lo que unido a su carácter y forma de ser se reflejó en avances importantes para Parderrubias. A finales de los años cincuenta fue el propulsor para que la electrificación llegase al pueblo. Fue el impulsor de la construcción del teleclub, uno de los primeros en funcionar en la provincia, y junto al párroco José Manuel Fernández Rúas fue el gran promotor de las numerosas actividades socioculturales llevadas a cabo en el mismo».

Su historia

Isolino cambió de tren y tuvo que apearse en diferentes estaciones, pero nunca se desvió de su destino. Pese a pertenecer a una familia del rural humilde -y ser el menor de siete hermanos-, consiguió estudiar Bachillerato en el que, por aquel entonces, era el Instituto de Instrucción Pública de Ourense, hoy en día conocido por el nombre de Otero Pedrayo. Posteriormente llegó la necesidad de enseñar. Pero también la persecución de los que intentaron que el pensamiento no fuese único. Isolino fue expedientado en 1940 con una suspensión definitiva de empleo y sueldo. La razón: haber formado parte, mientras estudiaba, de una asociación cultural y sindical de maestros. Esta fue la primera estación en la que tuvo que bajarse, pero solo durante cinco años. La suspensión definitiva terminó siendo conmutada por dos años de sanción, que implicaron un traslado forzoso fuera de la provincia, y una inhabilitación de cinco años, tras la que volvió a ejercer de docente.

Del maestro se vuelve a hablar estos días en Parderrubias. «Con la exposición se pretende reconocer su obra y su legado, que la perspectiva del tiempo ya nos deja valorar de manera objetiva. La muestra presenta una recreación de su escuela en los años sesenta, en la que se incluye su mesa», explica Juan Carlos Sierra. Están presentes también documentos sobre su actividad docente, sobre obras que promocionó en el pueblo, así como premios y reconocimientos que tuvo a lo largo de su carrera. Entre estos destaca, por su relevancia, la Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

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