Manuel Touza, ingeniero del CIS Madera: «Por primera vez usamos coníferas crecidas en Galicia para construir»

Uxía Carrera Fernández
Uxía Carrera OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Manuel Touza, ingeniero de montes de CIS Madera premiado por el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia
Manuel Touza, ingeniero de montes de CIS Madera premiado por el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia ALEJANDRO CAMBA

El ingeniero de montes recibió el Premio Arquitectura para un Mundo Mellor

01 feb 2026 . Actualizado a las 14:02 h.

El uso de la madera en construcción ha dado un enorme salto en Galicia en los últimos años. Es una herramienta clave para la sostenibilidad y un motor económico para la comunidad. Detrás de la expansión de este material están técnicos como Manuel Touza (Santiago, 1965). Es doctor en Ingeniería de Montes por la Universidad Politécnica de Madrid y desde 1996 trabaja en el Centro de Innovación e Servizos Tecnolóxicos da Madeira de Galicia (CIS Madeira), en el Parque Tecnológico, en San Cibrao das Viñas. Por su labor, el Colexio de Arquitectos de Galicia le otorgó ayer el Premio Arquitectura para un Mundo Mellor.

—¿Cuál es su trabajo en el CIS?

—El centro se creó en 1996 y en la actualidad forma de la Axencia Galega da Industria Forestal (XERA). Cumplo treinta años en el CIS y he tenido mucha relación con la arquitectura en madera. Cuando se creó el CIS, el uso de la madera estaba bastante restringido pero la rehabilitación de la ciudad histórica de Santiago de Compostela supuso un punto de inflexión en la recuperación del patrimonio en madera. Desarrollamos proyectos de investigación para ver sus propiedades, cómo la podíamos reparar... Fue el germen. De esa recuperación luego se pasó a la obra nueva y colaboramos dando formación en todo este proceso de cambio.

—¿Actualmente la madera tiene más peso en la rehabilitación o en la obra nueva?

—Está cambiando de forma muy rápida por los problemas vinculados a la emisión de gases de efecto invernadero y el cambio climático porque la madera tiene unas ventajas enormes. Absorbe CO2 durante su crecimiento, necesita muy poca energía durante su transformación y cuando termina su ciclo de vida, en gran medida se puede reciclar. Estas propiedades ambientales son el origen de un interés hacia la madera, tanto por parte de la sociedad como por parte de las industrias, que está impulsando todo tipo de desarrollos vinculados a su empleo en obra nueva.

—¿Cuál es la evolución tecnológica de los métodos de trabajo?

—Rapidísima. Por poner un ejemplo, la aparición de los tableros de madera contralaminada, que permite trabajar mediante la prefabricación. Los muros salen hechos desde una fábrica, solo se requiere montar. Facilita la rapidez, evita los problemas en obra y los presupuestos son mucho más cerrados. Ya se está impulsando su uso en edificios en altura y en Galicia ya disponemos de un fabricante. Se está cambiando la forma tradicional de construir: la figura de albañil tradicional se sustituye por un montador especializado, lo que contribuye a aumentar la entrada de las mujeres en el mundo de la construcción.

—¿Qué especies se emplean?

—Lógicamente hay un vínculo absoluto entre arquitectura y la historia de nuestro territorio. Hubo una forma muy inteligente de construir. En rehabilitación, entre los siglos XVII y XIX, es habitual encontrar vigas de aire procedentes de castaños de soutos. Factores como las enfermedades y las desamortizaciones provocaron la desaparición de numerosos bosques. Así que, en la segunda mitad del siglo XIX, la escasez de madera de construcción impulsó la importación de vigas de madera de pino tea procedente de bosques del sureste de Estados Unidos. Lo que hoy estamos usando son coníferas locales, pino gallego y pino radiata. Es decir, es la primera vez que estamos usando coníferas crecidas en Galicia para construir.

—Eso tendrá un impacto en el sector forestal.

—Claro, el impulso de la madera no solo permite construir edificios más sostenibles, también tenemos la oportunidad de utilizar recursos locales que favorezcan una gestión activa del monte. Tendrá una incidencia en el interior, generará más actividad vinculada a la cadena de empresas de montaje, tendrá incidencia en la mejora de prevención de incendios y los estudios de arquitectura podrán crear empleo cualificado de calidad.

—¿Se tardará en que el uso de madera esté tan presente en la obra privada como está ya en la pública?

—No lo creo, eso está avanzando muy rápido también. La administración ejerce un efecto tractor demostrativo. Si las empresas ven ejemplos de éxito de rehabilitación transferirán todas esas posibilidades a la obra privada.

«La intervención más especial para mí fue el trabajo en la Catedral de Santiago»

Manuel Touza complementa los trabajos de rehabilitación y obra nueva con intervenciones de diagnóstico o reparación estructural en edificios emblemáticos del patrimonio histórico de Galicia.

—¿Qué intervenciones patrimoniales destacaría?

—Por vínculo emocional, sin duda, haber trabajado en la Catedral de Santiago. Después de las rehabilitaciones en la ciudad histórica nos vino la oportunidad de intervenir allí. A través de un acuerdo con la Fundación Catedral colaboramos con distintos arquitectos para revisar el estado del patrimonio en la madera. Logramos mantener piezas originales, como el yugo de roble de la campana mayor que pesa 3.560 kilos y fue fundida en 1675. Sigue sosteniendo esa campana y demostramos que estaba en perfecto estado. Tuve la oportunidad de acompañar a la Asociación de Campaneiros de Galicia a tocar esa campana, recuperando el toque manual, y fue muy especial. También se elaboraron nuevas cubiertas de castaño en el palacio arzobispal o en las capillas absidiales o se logró reparar un problema estructural en el baldaquino.

—¿Cómo recibe el premio?

—Con mucho orgullo. Es un reconocimiento compartido con un colega y amigo, Manuel Guaita, un catedrático de la USC con el que colaboramos desde hace muchos años. También lo considero como un reconocimiento de los arquitectos a los avances producidos en torno a la madera. Estamos en un momento importante en torno a las expectativas sobre la madera en Galicia y, si somos capaces de aprovecharlo no solo podremos construir edificios más sostenibles, también podremos contribuir a mejorar el territorio y la sociedad. Por mi parte, toda mi disposición y mi voluntad para acompañar en este proceso y construir con madera.

Un amante de la naturaleza nacido en Galicia por deseo de su abuelo

Trabajar en el Centro de Innovación e Servizos Tecnolóxicos da Madeira de Galicia fue para Manuel Touza un regreso a su lugar natal. El ingeniero nació en Santiago solo por deseo de su abuelo. «Soy hijo de un marino de guerra que estaba destinado en Bilbao, pero mi abuelo quiso que naciera en Santiago como fuera», cuenta. Su madre dio a luz y unos días después ya regresó al País Vasco. Haber nacido en la capital gallega le creó un vínculo muy especial con Galicia que nunca fue a menos. Estudió en Madrid y vivió en diferentes ciudades de España. Cuando sacaron la plaza del CIS llevaba varios años trabajando en la capital, pero se dio a sí mismo la oportunidad de volver.

A su relación con Galicia se suma su «vínculo especial con los árboles». Siempre le encantó la naturaleza y por eso decidió estudiar Ingeniería de Montes. «La relación nuestra con los árboles es absolutamente excepcional, fueron nuestra casa, nos dieron alimento y los regalos que son la base de la civilización humana: la madera y el control del fuego», argumenta. Aún recuerda la sensación de refugio al subirse a los árboles cuando era un niño o la fascinación al contemplar una hoguera en el bosque. Pero realmente descubrió las capacidades del material cuando se matriculó en la ingeniería. «Me fascinó y me quise dedicar profesionalmente a ello», apunta. Hacerlo desde hace 30 años en un centro público provoca que lo que más disfrute de su trabajo sea «la posibilidad de ayudar». «Puedes colaborar con un arquitecto que tiene una consulta, mejorar una pequeña obra, dar trabajo de manera local...», explica. La administración le permite compartir sus conocimientos. Su pasión por la naturaleza trasciende lo profesional. Sumada a su afición a la fotografía o a la lectura pudo conocer «los bosques más maravillosos del planeta». Estuvo en la Amazonia brasileña, en el círculo polar ártico, en la Patagonia chilena, en los bosques de coníferas de Finlandia... «Ahora ya no necesito irme tan lejos y disfruto plenamente recorriendo, por ejemplo, los soutos de la Ribeira Sacra» concluye.