Esperanza lamenta que el sistema la obligue a contactar con el padre de su hija para cualquier decisión pese a que él se niega a verla y no le pasa la pensión alimenticia
25 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Mientras estuvimos de novios todo fue muy bien. Hasta que nos casamos era un hombre maravilloso», cuenta una ourensana de 45 años sobre su expareja. Quiere que la llamemos Esperanza. Prefiere no dar su nombre real por la misma razón por la que nunca sale sola: «Tengo miedo. Y eso que estoy siempre geolocalizada porque tengo el programa Atempro y en cualquier momento puedo ponerme en contacto con la policía, pero siempre voy con mi madre o con mi hermana». Y es que aquel hombre tan encantador de los primeros momentos de la relación se convirtió en su agresor poco después de la boda y transformó la convivencia en un infierno. «Rápido empezaron los insultos y las broncas. Yo no servía para nada, yo era una mala madre, yo era lo peor, según él. Cuando tuvimos a la niña aún se puso más agresivo y llegaron las palizas», narra esta ourensana, que confiesa que no recuerda cuándo cruzó esa línea de la agresión verbal a la física y le pegó por primera vez.
Lo que sí cuenta Esperanza es que muchas de las disputas empezaban por el dinero. «Yo trabajaba en hostelería, pero tuve que dejar mi trabajo porque era muy celoso, así que solo me daba una parte de lo que cobraba él para todos los gastos. El resto se lo quedaba para sus cosas, porque resultó que consumía droga. Yo me tenía que arreglar como pudiera. Él pretendía incluso que le diera de lo que recibía del padre de mi hija mayor para su manutención», explica.
Aguantó, como ocurre muchas veces, con la esperanza de que algún día la situación cambiase a mejor. Pero fue al contrario. El hombre empezó también a insultar a su otra hija y Esperanza comprendió que el problema no tenía nada que ver con ella: «Además su exmujer se puso en contacto conmigo y me contó que ya la había maltratado también a ella y a la hija que tenían. Había sido condenado, algo de lo que yo no tenía ni idea». Entonces decidió romper la relación. No fue una decisión sencilla. Y no solo por la faceta anímica y por lo mal que él lo encajó. También porque se encontró sin nada. «Me fui con una bebé para la que tenía justo dos bodis. La cuna me la prestó una amiga y mi hija mayor localizó un carrito en internet por 40 euros. Si salí adelante fue gracias a mi familia. Todos me ayudaron y siguen haciéndolo: mi madre, mi hermana y mi cuñado y hasta mi otra hija, que ahora ya es independiente económicamente y no quiere que le falte nada a su hermana», dice.
Pero esta ourensana está aún lejos de conseguir tener de nuevo una vida normal. «Nunca he sido de salir mucho, pero ahora menos. Y no es solo por el miedo, que también. Es porque la situación económica no da para eso. Este verano mi familia me convenció para irme unos días con ellos a la playa con la excusa de que a la niña le iría bien, pero fue a su costa», explica. Cuenta que ha tenido que denunciar al hombre porque lleva dos años sin pasarle la pensión acordada por el juez para la manutención de la hija en común. «Tampoco se han cumplido las visitas, porque él no aparece en el punto de encuentro ni contesta cuando, a través de su abogado, intento ponerme en contacto para hacer cualquier trámite. O si contesta es para negarse, como cuando quise bautizarla», narra. Esperanza lamenta que el sistema la obligue a mantenerse en contacto con su agresor y que él lo use para seguir ejerciendo poder sobre ella: «Creo que el juez de familia cometió un error manteniéndole la patria potestad, máxime teniendo en cuenta que ya había antecedentes. Yo no puedo tomar ningún tipo de decisión sin consultarlo con él, lo cual es un calvario». «Si yo necesito cambiarla de colegio por algún motivo ni siquiera puedo hacerlo. Si le importase su hija ayudaría a mantenerla o iría a verla. En definitiva, me separé hace tres años pero sigo atada a mi agresor. Esto sigue siendo una forma de maltrato porque yo no puedo avanzar. Estoy siempre amarrada a él», concluye.
Teléfono contra el maltrato: 016
Las víctimas de la violencia machista y su entorno pueden pedir ayuda en distintos recursos activos todos los días de la semana y las 24 horas del día: el teléfono 016, el correo electrónico 016-online@igualdad.gob.es y el canal del WhatsApp en el número 600 000 016.
En una situación de emergencia se puede llamar al 112 o a los teléfonos de emergencias de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y, si no es posible hacer esa llamada, en caso de peligro existe también la opción de activar la aplicación ALERTCOPS, que envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.