«No teníamos tele, así que empecé a dibujar»: la ilustradora gallega que convirtió su pasatiempo en un trabajo soñado
OURENSE
Bióloga de formación y artista de vocación, Clara Cerviño ha convertido su amor por la ilustración en un oficio lleno de alma, tintas y faros gallegos
28 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Hola, soy Clara Cerviño y mi propósito es sacarte una sonrisilla gustosa». Así se presenta en su web esta ilustradora ourensana que, contra todo pronóstico, ha conseguido ganarse la vida haciendo lo que más le gusta. «Desde pequeña, mi pasatiempo favorito era dibujar. En casa no teníamos televisión, entonces tiraba mucho de las actividades creativas», recuerda Clara.
«Desde pequeña, mi pasatiempo favorito era dibujar. En casa no teníamos televisión, entonces tiraba mucho de las actividades creativas», recuerda Clara. Años después, su amor por la naturaleza la llevó a estudiar Biología, convencida de que acabaría en algún remoto rincón del planeta, rodeada de primates. «Pensaba que iba a ser como Dian Fossey, pero no resultó como esperaba», admite. En su búsqueda de un camino profesional, se cruzó con una alternativa poco conocida: la ilustración científica. «Nadie te explica que existe la profesión del ilustrador científico, a pesar de que siempre consumimos ilustraciones para estudiar las células o cualquier proceso».
Durante unas prácticas en Aveiro (Portugal), una compañera le habló de un curso de ilustración, y esa chispa la llevó a replantearse todo. «El trabajo en el laboratorio tampoco me acababa de gustar, así que poder combinar estas facetas fue una maravilla. Claro, en 2011 había muy poca información; solo cursos en Estados Unidos carísimos. Ahora ya está más visibilizado».
Así, paso a paso, pincel a pincel, Clara fue encontrando su sitio. Aunque le costó años definirse como ilustradora, hoy no solo lo hace con orgullo, sino que ha logrado construir un universo visual reconocible, delicado y profundamente personal. Su estilo, fresco y colorido, está cargado de nostalgia, detalles cotidianos y una sensibilidad que conecta con quien lo observa. «Lo que intento es enseñar la manera en la que yo veo las cosas. Me gustan mucho las cosas próximas, dar a conocer lo que tenemos. También visibilizar esas cosas que se van perdiendo, como aquí en Galicia la tradición pesquera o el trabajo en el campo».
Su aventura profesional despegó en medio de la pandemia, cuando decidió abrir su tienda online. Desde entonces, cada pedido que sale de su estudio es mucho más que una compra: es una experiencia sensorial. Sobres estampados con faros —que, según cuenta, reciben incluso halagos en correos—, acuarelas envueltas en papel kraft, pegatinas personalizadas y mensajes escritos a mano. Todo sin plásticos, como parte de su compromiso con un consumo más consciente y sostenible.
Esa mezcla de raíces y vivencias se cuela también en su obra, donde Galicia aparece a menudo entre faros, mar y melancolía. Recientemente, ha regresado de forma definitiva: «Después de 20 años, he regresado a Galicia. Vivo en Cortegada, un pequeño pueblo cerca de Ponte Caldelas. Para mí vivir aquí es toda una fuente de inspiración».
Ese entorno rural y natural está muy presente en sus proyectos. Uno de los más esperados por su comunidad es el calendario ilustrado que publica cada año. «Siempre tiene algún motivo de Galicia. Este año la intención es hacerlo sobre el cuidado de los bosques; con todo lo que está sucediendo, resulta muy inspirador transmitir el respeto y el cuidado hacia la naturaleza».