El PSOE, o más bien una parte de él, tuvo un sueño de verano. Tener un alcalde durante unos meses hasta que llegaran las municipales. El movimiento se ha explicado hasta la saciedad y resulta igual de inverosímil ahora que cuando PP y DO rompieron su gobierno. Que ambos partidos se pongan de acuerdo para echar a Jácome del sillón de mando en Ourense es algo así como lograr la cuadratura del círculo. En un agosto que languidece con la actividad municipal bajo mínimos, el portavoz del PSOE en el Concello ha dedicado tiempo y esfuerzos a reunirse con el PP para explorar nuevamente la opción de la moción de censura. A Villarino, el movimiento le viene bien de cara a las primarias del PSOE. Todo lo contrario sucede con sus compañeros de partido con los que no comparte el mismo modelo de gobernar la ciudad. A un paso de esa cita, un Villarino alcalde supondría un jarro de agua fría para las aspiraciones de la otra corriente socialista. ¿Y el PP? Cabezas está con la cabeza puesta en las municipales. Lo que suceda en lo que queda en este mandato ya ha dejado claro más de una vez que es cuestión del grupo municipal. No quiere bajar a ese barro. Para los populares airear esas negociaciones es algo así como un lavado de imagen. Viene a ser un «lo he intentado por el bien de la ciudad, pero con el PSOE no es posible entenderse». Un movimiento más en clave electoral que una posibilidad real de cambiar el gobierno a las puertas de unas municipales. Han sido unas negociaciones condenadas al fracaso desde el principio y con las cartas marcadas.