Es cierto: cada vez llueve menos, los acuíferos van reduciéndose y la capa freática baja su nivel. Todo eso es cierto y mientras algún científico iluminado —o miles de ellos, que la tarea no parece sencilla— no encuentre una solución para revertir el cambio climático, solo queda mirar al cielo y rezar (cada uno a quien mejor le parezca). Pero no nos engañemos; los cortes de agua en los municipios ourensanos en verano no son de ahora. Basta echar un ojo a la hemeroteca de La Voz para comprobar que hace más de cuarenta años ya se hablaba de limitaciones del suministro en muchos núcleos. Algunos han conseguido encontrar soluciones (e inversiones) para frenar el problema. Otros siguen abonados al corte. Ribadavia es uno de ellos. El 6 de septiembre de 1980, junto a la información del programa de las fiestas del Portal se advertía de que el Ayuntamiento cortaría el suministro doce horas al día. Una década después, el 2 de agosto del 1990 seguía en la lista de los seis concellos que cerraban la llave del abastecimiento. Y lo mismo en el 93, en el 95, en el 97... La relación de titulares es casi tan larga como la de proyectos para solventar el problema unidos a nombres propios de regidores de todos los colores e incluso presidentes de la Diputación, como en su día fue Gómez Franqueira. Que si bombear desde el Miño, a pie de embalse, hacia un depósito en Santa Cristina, que si una presa en el Brull para desvincular zonas de la traída general. Ideas no faltaron. Alguna hasta funcionó un tiempo. Lo que faltó, y sigue faltando, es una apuesta seria y un acuerdo entre todos los partidos que le dé continuidad, al margen de quien esté en el sillón.