La confección y venta de disfraces se desploma y deja al sector tocado

Las modistas y las tiendas de telas y trajes de entroido calculan un bajón del 80 %


ourense / la voz

Este año no habrá entroido para evitar la masificación en calles y plazas de la provincia. No habrá desfiles, ni comparsas ni carrozas. Con las actividades previstas canceladas por la incidencia del coronavirus y con la oferta virtual casi como única alternativa, el sector de los disfraces, tanto de venta como de confección, ha caído en picado. Hace meses que lo sospechaban, ya que algunos grupos empiezan a organizar tanto los disfraces como las carrozas con mucha antelación. Con el avance de los contagios y las restricciones anunciadas por la Xunta llegó la certeza: calculan que perderán más del 80 % de los beneficios que esta fiesta les aportaba.

«¿Cómo lo llevamos? En toda la mañana he vendido una peluca»

El Almacén es la tienda de disfraces de referencia en la capital ourensana. El año pasado, a estas alturas, la actividad en el interior del establecimiento era frenética. «¿Cómo lo llevamos? En toda la mañana he vendido una peluca», explica la propietaria, Patricia Torres. «No tengo ni abierta la parte de atrás. Estoy yo sola aquí delante vendiendo, cuando otros años a estas alturas tenía contratadas a trece personas y a un guardia de seguridad para poder atender a todo el mundo. El año pasado tres semanas antes ya tenía la tienda a tope», relata.

Imagen de archivo de las colas en El Almacén los días previos a la celebración del entroido
Imagen de archivo de las colas en El Almacén los días previos a la celebración del entroido

Patricia explica que este año casi todo el mundo usará un disfraz que tenga en casa y que, como mucho, comprará algún que otro complemento. «Supongo que la gente que es verdaderamente entroideira saldrá a la calle disfrazada, pero en familia, lo disfrutará de otra manera. Darán un paseo, tomarán algo para llevar y poco más, como sucedió con Halloween», relata. Intentará sobrevivir con lo que vaya saliendo, la mayoría para colegios. «Sí han venido niños a comprar disfraces, lo que pasa es que no les dejan llevar complementos por motivos de seguridad y para que no los compartan», dice.

No solo ha caído la venta de disfraces sino también su confección. Lo notan las tiendas de telas y las modistas, a las que acuden aquellos más originales o las grandes comparsas. «En disfraces hemos caído un 90 %», dicen en Josbeltex, en la capital ourensana. En años normales empiezan a recibir encargos desde noviembre. Ya entonces fueron pocos los que se animaron, viendo cómo evolucionaba la pandemia. Ya notamos un bajón en todo tipo de eventos: bodas, comuniones, en la Festa da Istoria y en todo lo que se canceló por la provincia. Lo vamos aguantando con pequeñas ventas», afirman desde el establecimiento.

Sonia Limia, de Bordados Coser y Cantar de Verín, se dedica a bordar las pañoletas de los cigarróns, de forma paralela a su actividad como costurera. Y también en los trajes más tradicionales se nota la incidencia de la pandemia. «Normalmente bordo alrededor de 60 en cada entroido y este año he hecho una», afirma. No se extraña, ya que afirma que en Verín no hay ambiente de entroido. «Ahora empezaría lo fuerte, pero con la hostelería cerrada es difícil ver a gente por la calle, quizás alguna persona que sale por su cuenta disfrazada, pero muy poca cosa. Se ven balcones y tiendas decoradas pero poco más».

«Normalmente bordo alrededor de 60 en cada entroido y este año he hecho una»

A ella no solo le ha afectado el parón del entroido sino de toda la actividad. «En general todo ha bajado y se vende menos, también ofrecía clases de encaje bolillos y otros talleres y ahora lo he tenido que dejar», relata.

«Suelo hacer unos 500 trajes cada año y en esta ocasión no tengo más de 15 encargos»

El sector de los eventos es, junto al de la hostelería, uno de los económicamente más afectados por la pandemia del covid-19. Durante el 2020, las modistas dejaron de confeccionar trajes de fiesta y este 2021, con el entroido mermado, suman un nuevo golpe. Rosi Fernández Borrajo tiene una tienda de confección en Xinzo. A estas alturas del año, junto a ella habría seis personas más ayudándola para tener todo listo. «Económicamente es fatal, tendremos pérdidas de un 80 %. Ahora están llegando pequeños encargos de guarderías y colegios. Suelo hacer unos 500 trajes cada año y en esta ocasión tengo 15 encargos», resume. Critica que el resto del comercio no tenga tantas ayudas como la hostelería, cuando también llevan un año de pérdidas. «A las mujeres que me ayudaban no las puedo contratar. Desde el Concello de Xinzo dicen que ayudemos a los hosteleros y cerremos el comercio a partir de las seis de la tarde. ¿Cómo lo vamos a hacer? Muchos de los clientes vienen a partir de las ocho cuando terminan de trabajar. Y si cierro... He ido a pedir ayudas y me han dicho que solo para la hostelería. A ellos les perdonan las terrazas.... ¿Y al resto del comercio? El sector textil está también muy mal», denuncia. Y afirma que tras cuarenta años trabajando vive el peor momento.

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