La gran joya rupestre de la Ribeira Sacra


El monasterio de San Pedro de Rocas (Esgos, Ourense), declarado Monumento Histórico Nacional en 1923, Bien de Interés Cultural Monumento (BIC) en 1999 y BIC Paisaje Cultural con 100 hectáreas en 2018, inscrito a su vez en el BIC Ribeira Sacra, conforma uno de los complejos rupestres más importante de la Península Ibérica. En efecto, San Pedro de Rocas, se define como una gran lavra rupestre, una sucesión de espacios anacorético-eremíticos (celdas, escaleras, silos, plataformas, campanario, tallados en la propia roca natural) desde la segunda mitad del siglo VI, transformándose en la Alta Edad Media (siglos IX y X) en un ambiente cenobítico (la construcción de tres capillas excavadas en la roca) que acaba configurando un monasterio benedictino (siglo XII), posteriormente priorato del monasterio de Celanova.

Son muchos los elementos que confieren una singularidad excepcional, entre los conjuntos rupestres más importantes a nivel internacional, a San Pedro de Rocas. Hasta hace muy poco tiempo, se pensaba que estábamos ante una iglesia excavada en la roca de tres naves, en la órbita del cenobitismo de tipo benedictino, considerando las huellas que eran visibles en la roca en el entorno del monasterio, algo «misterioso» e «inexplicable». Nada más lejos de la realidad.

Las recientes investigaciones, han demostrado la verdadera dimensión, significado y relevancia de un complejo rupestre único en su género. Se han identificado y documentado una sucesión de celdas eremíticas (más de una veintena identificadas hasta la fecha), en un amplio radio en torno al monasterio, que se organizan y estructuran como las grandes lavras eremíticas conocidas en Oriente Medio (Egipto, Siria o Palestina) y en la Capadocia. Formando parte de esta gran lavra, contamos con elementos únicos como una sitial/cátedra abacial/episcopal tallada en la roca (similar a la de las catacumbas de San Genaro, en Nápoles), en un espacio habilitado para celebraciones comunitarias al aire libre en la más pura tradición pacomiana y de los Padres del Desierto. Las tres capillas excavadas en la roca no conforman, inicialmente, una iglesia de tres naves, estamos ante un espacio de culto en la más pura tradición oriental, con espacios dedicados a usos diferenciados (culturales y funerarios) y la celebración de una liturgia de tipo bizantino. El espacio interior se construye y adapta en visibilidad, iluminación

y audición a ese tipo de liturgia bizantina, con elementos tan singulares como los hagioscopios laterales y transversales, que permiten una visión y audición privilegiada, del mismo modo que los encontramos en la Capadocia. Todo este espacio comienza a configurarse en la Antigüedad Tardía, desde la segunda mitad del siglo VI, coincidente con la inscripción que hasta ahora se

ha venido considerando como la lápida fundacional, fechada en el año 573, tratándose enrealidad, como hemos podido analizar, una tapa relicario monumental, que se encontraba en una de las capillas (el sancta sanctorum de Rocas), conservándose aún la cavidad, tallada en la roca, que en su día albergó las reliquias que cubría. En San Pedro de Rocas, y añadido a todo lo anterior, contamos con una pintura mural única, fechada por termoluminiscencia ca. 1110, que contiene la representación de un mapamundi de la diáspora apostólica de carácter funerario, apocalíptico y escatológico, con representación del oferente como caballero armado.

Las evidencias de ocupación y sacralidad, en San Pedro de Rocas, se remontan mucho más allá de la segunda mitad del siglo VI, cuando se inicia su fase anacorético-eremítica, pues hemos podido documentar elementos pertenecientes a la Prehistoria reciente, como una pared rocosa en la que se han tallado 9 manos en posición ascendente (el «paño de las manos»), además de un gran santuario pre-romano, con diversas etapas desde su fase pagana hasta su posterior cristianización. Este multisecular carácter sacro hace de San Pedro de Rocas un elemento paradigmático, la clave del arco que explica por qué la Ribeira Sacra encuentra el origen de su sacralización en el movimiento anacorético-eremítico, base ineludible sobre la que se sustenta, siglos después, la posterior expansión del monacato benedictino en este territorio.

San Pedro de Rocas, constituye una inmensa escultura tallada en la roca a lo largo del tiempo, que ha llegado prácticamente intacta hasta nuestros días. Sin embargo, como la joya tan única como delicada que es, su fragilidad es grande, siendo necesario protegerla, preservarla, con el estudio e investigación, para difundir y poner en valor su singularidad y universalidad. Para ello, ha nacido la Fundación Moreiras-San Pedro de Rocas, partiendo de este lugar, pero con una vocación que trasciende la dimensión local y regional, abarcando la protección, estudio, difusión y puesta en valor del Patrimonio Rupestre Histórico de la Península Ibérica y su relación con otros conjuntos rupestres similares tanto en el conjunto de Europa como a nivel internacional. Con este fin y perspectiva, el Comité Científico Asesor de la Fundación, al que representamos y en nombre de los que hablamos lo que este texto firmamos, evidencia el imprescindible y necesario carácter internacional del mismo con un elenco de los mejores expertos en la materia, con la finalidad de que la excepcionalidad de San Pedro de Rocas adquiera su verdadera dimensión universal.

Jorge López Quiroga y Natalia Figueiras Pimentel son presidente y vicepresidenta del comité científico asesor de la Fundación Moreiras-San Pedro de Rocas.

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