Sin ser yo nada de eso, os propongo unas cuántas opciones de audiovisual para todo tipo de público

04 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Este fin de semana falleció Sean Connery. Para mí no es James Bond, es Mark. El entregado, impecable y sospechoso marido de Marnie, la ladrona. Sin idolatrar a Hitchcock, afirmo que su cine me mueve. Siempre me ha movido, de hecho. Y a pesar de que sus técnicas me parezcan exhaustivas y exageradas, conseguía influenciar a sus actores hasta el punto de convertirlos en exactamente lo que buscaba. Y lo que buscaba era fantástico, la verdad. ¿El fin justifica los medios? Todavía no tengo clara la respuesta. El caso es que si Tippi Hedren está superlativa en esta cinta, Connery le da incluso una vuelta más. Ese aire misterioso y esa férrea convicción que te hacen pensar a lo largo de toda la película en una posible venganza, pero el trasfondo es mil veces mayor. El amor de un hombre bueno. Qué ridículo suena eso hoy en día ¿no? El film es brillante, de verdad. Entretenido, llenito de suspense y con alto contenido de crítica moral. Esta noche lo volveremos a ver en casa, porque qué mejor plan para un cierre de la ciudad que cine, cine o cine. También se puede ir allí y de hecho no vendría nada mal.

No voy a pecar de hipócrita. Me encanta estar completamente sola en el cine. Me da margen para llorar y reír lo que quiera. Me permite contestar a los personajes cuando me vengo arriba -esa es mi versión del hablar sola y es porque me meto mucho en las pelis- y me da la posibilidad de usar el móvil sin molestar a nadie. No soy adicta a WhatsApp -más bien lo odio-, sí un poco a Instagram -@mdowis-. Es solo que tengo la manía de tomar apuntes de los diálogos que más me gustan y también la necesidad de buscar todo lo que se me plantea como duda en la película. Desde la trayectoria de un director a el origen de un personaje o, a veces, el tiempo exacto que dura la peli -mala señal-. Me encanta estar sola en el cine sobre todo porque me da seguridad. Las actividades que más disfruto se llevan a cabo dentro de salas o auditorios y sí, en esos lugares yo últimamente he empezado a experimentar una ansiedad desaforada. Volvemos a lo de siempre, esta situación provoca muchos males y por algún lado tenían que salir. Aún así no he renunciado a ninguna de ellas y además os sigo animando encarecidamente a que visitéis las salas del Galicine de Ponte Vella. No se puede ser egoísta cuando se trata del cine y cuando hablamos del sustento de Juan y del resto del equipo -buenísimo y cinéfilo empedernido, por cierto- que tiene el de Ourense. Este sábado fui a ver Las Brujas. No paro de recomendársela a todo el mundo. Vale para ver con niños y sin ellos, para entretenerse, reírse y desconectar un ratito. En la misma sesión que yo había dos personas más que de costumbre. Es decir, éramos tres. Poco a poco y con mucha prudencia, por supuesto. Hay gente que prefiere el sofá y manta, y es muy lícito, por eso creo que debería apuntar aquí mi últimos descubrimientos. En HBO me he quedado totalmente a la expectativa después del primer episodio de The Undoing -Nicole Kidman, con eso basta-. En Netflix devoré Alguien tiene que morir en un día. Creo que Manolo Caro, director de esta preciosa barbaridad, es la versión mexicana de nuestro Paco León. Soy fan de los dos. Por su libertad creativa y su ausencia absoluta de pelos en la lengua. Ojalá todos tuviésemos un poco más de eso, ¿no?