La peste que no cesa

Víctor Ferreiro TRIBUNA ABIERTA

OURENSE

Históricamente, las pandemias refuerzan las líneas divisorias de la sociedad y acentúan las desigualdades y la injusticia social, ensanchando la brecha entre clases. No olvidemos que en los 80 la aparición del sida trajo consigo en un principio la estigmatización y discriminación de los colectivos que (erróneamente) se consideraban objetivo del VIH, y que casualmente eran los formados por personas con unas prácticas que las élites sociales consideran éticamente reprobables: drogadictos, homosexuales o prostitutas. Se le llegó a denominar «la peste rosa».

Con la irrupción en nuestras vidas del covid-19, nada ha cambiado a ese respecto. Nos dijeron que una pandemia no diferencia entre clases sociales, y una vez más nos engañaron. Cuando compartes con varias personas una vivienda pequeña, cuando has de desplazarte hacinado en el transporte público, cuando no tienes posibilidad de acogerte al teletrabajo… es más probable que te acabes contagiando.

A nivel local, endurecer las restricciones en el barrio de O Couto es absolutamente ineficaz, pues esas personas se desplazan a otros barrios a trabajar o consumir, pero la semilla ya está sembrada: se estigmatiza a un barrio obrero, conformado por una enriquecedora diversidad cultural, se perjudica a sus negocios y se señala con el dedo a sus habitantes. La ciudadanía ourensana, que tiene las venas llenas de emigración, no debe caer en esa trampa repugnante.

Y aquí es donde entra el neoliberalismo a hacer su trabajo. Ocurre muy visiblemente en la Comunidad de Madrid, donde absolutamente todos los barrios confinados votan mayoritariamente a la izquierda, pero es extrapolable a cualquier otro lugar. La cruel maquinaria del capitalismo se pone en marcha, se asoma a la ventana de oportunidad que ha abierto la pandemia, y se encuentra con una ciudadanía temerosa por lo incierto de su futuro laboral, escolar y de convivencia. Y en ese escenario nos ofrece segregación y desesperanza. El Sistema nos envía policías, pero no rastreadores. Nos estrangula la cultura, pero no baja la ratio en las aulas. Cierra el ocio nocturno, pero no las casas de apuestas. No adopta medidas sanitarias eficaces, pero nos exige disciplina.

La estrategia es tan clara como antigua. Se trata de poner una zancadilla tras otra a los Derechos adquiridos hasta desembocar en un Estado Fallido, se trata de seguir erosionando lo público, parcheando aquí y allá, para intentar convencernos de que es inevitable privatizar la Sanidad y la Educación, se trata de devolvernos al siglo XIX.

Y todo lo hacen aprovechando un desastre relativamente impredecible, porque son así de miserables. Mientras, la fortuna de los 23 españoles más ricos aumentó un 16% durante el estado de alarma por el coronavirus. Pero tú cómprate una alarma, no te vayan a okupar la casa.