La vida debe continuar

José A. Barbado y Mercedes Fernández FIRMA INVITADA

OURENSE

Santi M. Amil

Esta pandemia nos ha traído una anormalidad nueva, que obliga a todos a adaptarnos, a la escuela también. Pero la vida debe continuar, así ha sido siempre y así debe ser. La humanidad enfrentó múltiples crisis, algunas mucho peores que esta, y continuó.

El psiquiatra vienés Viktor Frankl, que estuvo en un campo de concentración nazi, decía que cepillarse los dientes cada día fue una de las cosas que le ayudó a mantenerse vivo. Debemos seguir con nuestros hábitos, recuperar muestras rutinas, continuar con nuestra vida, y eso ha de incluir el que los niños vuelvan al colegio, a sus espacios de aprendizaje y socialización. Pero el miedo es incompatible con el aprendizaje y con la vida social. Con miedo no existe la vida social y tampoco la salud mental. Hemos limitado las salidas de ocio, dejado desiertos los parques, recurrido al teletrabajo... Pero no es menos cierto hay que ponerle un punto y aparte a esta situación.

Es recomendable que intentemos darle vida a la vida, y ello implica volver a viajar, a trabajar, a disfrutar del tiempo de asueto con nuestros amigos, a llenar las calles... Eso sí, teniendo en cuenta la responsabilidad y el compromiso de cumplir las medidas de prevención recomendadas por las autoridades sanitarias. Es trascendental que interioricemos la necesidad de continuar con nuestra vida, porque dejar de hacer todo esto, aunque no lo parezca, afecta a la salud física y mental.

Para los niños es fundamental volver a las aulas, interaccionar con sus profesores, compartir momentos de estudio y de juego con sus compañeros. La identidad social se construye en la interacción con los otros. Es posible que los contenidos educativos algún día sean mejorados por Google, pero la socialización y culturización no se pueden teletrabajar, porque son insustituibles. La escuela necesita cambiar. Pero no se cambia si se sigue haciendo eternamente lo mismo. Y el eje del cambio es pensar cuáles son las necesidades de los niños, prioritariamente.

¿De qué manera debemos retomar la vida en la escuela? La clave principal es que los adultos regulemos nuestro miedo, pues será la manera de que los niños puedan desarrollar estrategias que le permitirán afrontar mejor esta situación y hacerse más fuertes; lo que, además, les servirá para hacer frente a las muchas dificultades y problemas que se le van a presentar a lo largo de su vida. Los adultos para regular nuestro miedo es preciso que confiemos en las medidas que las autoridades sanitarias van tomando, y comprender que el riesgo cero no existe. Pero no existe para nada: no hay riesgo cero de tener un accidente de coche y no por ello dejamos de viajar en automóvil.

Afrontar esta situación no desde el miedo y sí desde la responsabilidad es lo que tenemos que transmitir los padres y profesores a los niños. Hay algo de lo que muchas veces nos olvidamos. Somos mortales. La enfermedad y la muerte forman parte de la vida, no son «fallos del sistema». Vivimos de espaldas a ello y es conveniente y valioso tenerlo presente. Aceptar este hecho tan realista nos protege, nos ayuda a tener menos ansiedad, menos miedo. La vida debe continuar. Toca ser responsables y valientes. Toca enfrentarse al miedo y a la incertidumbre.

En nuestra consulta no hemos visto a niños con problemas de ansiedad relacionados con no querer ir al colegio. Sin embargo, sí a padres preocupados con la posibilidad de que sus hijos se contagien, y angustiados por lo que pueda pasar. ¿Qué se puede hacer? Intentamos cortar la cadena de transmisión del miedo, y eso ayuda a llevar las cosas mejor. Durante el verano se han asumido ciertos riesgos con las vacaciones o yendo al parque o el restaurante con los niños, y en la escuela no será mayor que en otras actividades. Creemos que es importante que los pequeños acudan al colegio, por su propio desarrollo. Se debe confiar en los protocolos de prevención, transmitir esa confianza a los hijos y no dar pie a retroalimentar temores que pueden acabar en forma de bombardeo en los grupos de WhatsApp. En definitiva, la idea general debe ser calmar a los padres, así como hacerles entender que tienen su cuota de responsabilidad.

José Antonio Barbado y Mercedes Fernández Valencia son psiquiatras y psicoterapeutas, codirectores en el Centro de Psiquiatría y Psicología Mimapa, ubicado en Ourense.