El pulso urbanístico

Rubén Nóvoa Pérez
Rubén Nóvoa DESDE MI BARRIO

OURENSE

09 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Anda el gobierno ourensano afanado en aprobar el plan de urbanismo. La cosa, aunque ya nos hayamos acostumbrado como ciudad, tiene cierta prisa. No se crean que el que está vigente es de este siglo, ni tan siquiera de finales del anterior. ¡Es de 1986! Podría dedicar todo el espacio de esta columna a disertar sobre todos los acontecimientos que nos han llevado hasta aquí y que parten de la anulación judicial de un plan aprobado por el PP de Manuel Cabezas en el 2003, pero lo cierto es que me apetece más opinar sobre el pulso urbanístico que tienen en marcha PP y Democracia Ourensana. O más bien, Sonia Ogando (PP) y el alcalde Gonzalo Jácome (DO). Aunque la documentación sobre el plan abrumaría a cualquiera con cientos y cientos de folios y matices por los que debatir, todo el debate mediático se centra en dos torres planteadas en el documento aprobado inicialmente en el 2013 y provisionalmente en el 2019. Están a las riberas del río Miño y llevan la firma de la constructora Copasa. Y Jácome ha hecho de su eliminación o «achatamiento» bandera. Asegura que rompería el skyline del Miño -entiendo que el de la finca Mariñamansa le preocupa menos toda vez que ahí soñaba con un rascacielos de 80 plantas-.

Su planteamiento no encuentra de momento el respaldo de la concejala de Urbanismo, la popular Sonia Ogando y le pide a su alcalde -al que él y sus compañeros de partido auparon a la alcaldía en un pacto que permitía mantener el Baltarismo en la Diputación cuatro años más- que no use «estrategias políticas personales» con el PXOM. De momento, las diferencias no pasan de mensajes para marcar diferencias a través de la prensa, pero a la vuelta de las vacaciones todo apunta a que la tormenta de verano puede acabar en grieta de gobierno. El plan de urbanismo es un documento lo suficientemente vital para la ciudad y para la economía local que no puede quedar en un cajón por más tiempo. Sería difícil de justificar que con él encarrilado y solo a falta de un último trámite administrativo, un gobierno en coalición que goza de mayoría absoluta lo dejara pudrir y no lograra ponerse de acuerdo para aprobarlo de manera definitiva. Así que preparen las palomitas para ver en qué queda este pulso Ogando-Jácome y para ver qué sucede con las ya famosas torres y como se encajan en un supuesto acuerdo entre ambos partidos.