«Vamos haciéndonos la cobra unos a otros para no tocarnos»

Marta Vázquez Fernández
marta vázquez OURENSE / LA VOZ

OURENSE

Mucha afluencia en los paseos junto al Miño y el Barbaña marcaron las primeras horas del día

03 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Estaba tan emocionado por volver a salir con la bici que casi no dormí de noche», confesaba poco después de las nueve de la mañana de este sábado Luis García, que a esa hora ya regresaba a casa tras haber salido a dar un paseo a primera hora. Él fue uno de los muchos ourensanos que ayer saltaron de la cama pensando en calzarse sus zapatillas y su ropa de deporte para retomar su afición tras un parón de más de mes y medio. Unos madrugaron más y otros menos pero las cuatro primeras horas permitidas para la práctica de deporte al aire libre y paseos casi abarrotaron zonas como los paseos junto al río Miño, desde Oira hasta Outariz, y el entorno del Barbaña. «Aprovechamos la primera hora de la mañana para dar un paseíto; lo hacíamos habitualmente, dejamos de hacerlo, y ahora ya teníamos ganas de recuperar esa costumbre, a ver si esto va bien y podemos continuar» contaba Amelia López, que salió junto a su marido, Emilio Gómez. «Hemos visto en general pocas mascarillas, pero la gente respeta la distancia de seguridad. Vamos todos como haciéndonos la cobra unos a otros para no tocarnos, y bien», aseguraba ella. Por su trabajo, Emilio ya salía de casa habitualmente pero para Amelia el de ayer fue el primer paseo largo en mucho tiempo. «Poder salir a pasear, respirar aire puro, eso es maravilloso», reconoció.

«Estábamos ya nerviosos desde primera hora; a las ocho y media ya estábamos en la calle», admitían Fany Soriano y Alberto Iglesias, quienes en su primer paseo quisieron visitar el centro de la ciudad. «Hemos ido a la fuente de As Burgas, la praza maior, el puente romano; más o menos respetando el kilómetro que nos permiten», aseguraron. Esa rutina ya la hacían antes del confinamiento, pero ayer observaron mucha más gente que otras veces, y de nuevo un escaso uso de mascarillas, que ellos sí utilizaron. «En general veo poca protección», observó Alberto, si bien asegura que mientras puedan ellos seguirán saliendo: «Vamos a repetir; en estas semanas hemos cogido sobrepeso y esto nos viene bien».

«La gente guarda la distancias, pero yo creo que el problema es que haya corredores en medio de los que pasean», afirmaba Loli Guede, que cree que podría ser bueno separar a unos de otros. «La próxima vez que salga lo haré con mascarilla o un poco antes, porque a esta hora ya hay mucha gente», advirtió.

Y es que, efectivamente, a las nueve y media el paseo del Barbaña ya era un continuo ir y venir. Había que aprovechar la media hora que quedaba para completar el primer turno, al que dio paso, a partir de las diez y hasta mediodía, el de los mayores de 65 años. Esta vez la zona cero se dispersó por el centro de la ciudad, entre el Paseo y la praza Maior. «Ya tenía muchas ganas de salir», confesaba Pablo Fariña, de 71 años. En su opinión el horario de los jubilados «está muy bien porque podemos salir dos veces al día» y reconoce que «aunque el primer mes lo llevó bien, ahora ya estaba un poco pasado de rosca; además a mi me gusta el deporte y lo echaba de menos». «Fue una buena noticia saber que íbamos a salir, más tiempo ya era abusar, porque la gente necesita oxigenarse un poco», afirmó.

Eligieron el centro urbano también para su primer paseo Tomas Cid, de 73 años y Margarita Fernández, de 69. «Yo durante todas estas semanas he hecho yoga, por la mañana y por la noche, pero salir a la calle es mucho mejor», confesaba ella, que no ocultó que caminaron siempre pendientes del reloj: «Hemos ido hasta la biblioteca y dado un pequeño paseo por el centro, y ahora ya casi es la hora de regresar a casa».

Y hubo también quienes se animaron a salir pese a las dudas. «No hemos cruzado la puerta de casa hasta hoy, hemos cumplido a rajatabla el confinamiento, y casi dudábamos si salir o no», contaban Teresa Velasco y Ramón Cao, que al final optaron por echarse a la calle. «Nos hemos levantado a las siete menos cuarto de la mañana y nos ha dado tiempo a hacer la comida, la colada y hasta una tarta; y después nos hemos decidido a salir a tomar el aire», contaba ella. «Es que la vida de confinamiento es muy estresante», bromeaba él.

Muchos mayores también en el entorno de la plaza de abastos, como María Socorro Tesouro, de 72 años. «He venido todos los días a comprar», contaba tapándose la boca con una bufanda. «Con la mascarilla, no me apaño».