«Fui muy feliz como nadador»

Javier Pazos, tres veces campeón de España y plusmarquista, fue uno de los deportistas ourensanos destacados en los años setenta

Javier Pazos, con su perrita «Inu» en el parque Miño de Ourense, en una imagen tomada a principios de febrero
Javier Pazos, con su perrita «Inu» en el parque Miño de Ourense, en una imagen tomada a principios de febrero

ourense / la voz

Javier Pazos, nombre importante en la natación ourensana, recuerda su etapa como nadador con cariño, pero sin nostalgia. «Fui nadador hace cuarenta años, ya no lo soy. Fue una etapa de mi vida», remarca. Empezó a nadar tarde, con 16 o 17 años, en 1974. «Me pareció más fácil que correr», comenta sobre su primer contacto con la natación, en una jornada deportiva en el pabellón de Os Remedios. Antes había sido atleta, en el club Ciudad de los Muchachos y en el Athlos.

La natación se le dio bien. Llegó a tener todos los récords provinciales en todas las distancias, recuerda, y al año siguiente ya fue al campeonato de España. En 1976 obtuvo una beca para entrenarse en la residencia Blume, de Madrid, y consiguió ser tercero de España en la prueba de los 200 estilos. Luego se iría al centro de alto rendimiento de Barcelona, donde logró el titulo de campeón nacional, todavía formando parte del club Pabellón. Fue un salto cualitativo. Si en Ourense, con José Luis Llamas, entrenaba hora y media al día, en Barcelona las sesiones diarias eran de seis horas y media. Fichó por el CN Montjuich. «Era la vanguardia de la natación. Hacían pruebas de esfuerzo continuas, miraban todo. Notabas cómo cambiaba el cuerpo, cogías ocho kilos de músculo», menciona.

«Me lo pasé muy bien cuando fui nadador y fui muy feliz, pero es muy duro, o te motivan o es muy difícil entrenar», explica. Además de tres veces campeón de España, fue plusmarquista de los 200 braza y logró el titulo de «nadador más completo» en 1979. En Cataluña lo trataron muy bien, le dieron la medalla al mérito deportivo, pero con 23 o 24 años se retiró de la competición. No es de los que se recrea en los recuerdos. «No me acuerdo mucho, no nadaba por la medalla. Me gustaba nadar y competir, esa sensación, esa adrenalina y esas ganas. Competí bien, me crecía en ese momento. Mantengo relación con mucha gente, a la que tengo cariño, pero nos vemos poco. No soporto las batallitas», revela.

Su hermana, Ada Pazos, fue una gran campeona de gimnasia. Las medallas de ambos, las encontraron guardadas en una bolsa de plástico en el cuarto de los trastos, y pesaban más 24 kilos. Kilos de metales pero no de ego. «Nunca expusimos nada», dice.

Tras su etapa como nadador, regresó a Ourense. Y siguió ligado al deporte en otra faceta, como entrenador con Llamas en el Pabellón, y como profesor de Educación Física en el colegio Concepción Arenal. «Como entrenador tuve niños muy buenos, pedí becas para algunos. Pero aún tienes menos tiempo que como nadador, iba tres veces al día a la piscina y los fines de semana siempre ocupados», apunta. También fue presidente del club. «Luego tuve un gimnasio con piscina, que fue muy bien, y ahora me dedico a la actividad privada, al tratamiento de agua y la desinfección ultravioleta, un espectro de la luz que tiene aplicaciones para el agua potable, el agua residual, industrial y líquidos alimentarios. También vendemos a empresas grandes, para sus concursos de agua potable», cuenta Javier Pazos sobre su transición desde la natación a su etapa profesional actual, desligado del deporte.

Javier Pazos sostiene que es muy complicado poder dedicarse mucho tiempo a un nivel alto a disciplinas como la natación o la gimnasia, a los que se presta atención en los Juegos Olímpicos y poco más. Y reflexiona: «Mireia Belmonte, campeona olímpica, no creo que gane ni treinta mil euros con beca ADO, mientras que Estados Unidos cualquier nadador bueno vive bien. Aquí lo que vende es el fútbol y manejan cantidades de dinero exorbitantes. A mí no me gustaba el fútbol. Fui una vez a ver al Barça de Cruyff y no volví, no me gustaba aquella marabunta».

Por eso, aunque sus hijos nadan bien y hacen deporte, no les quiso inculcar que fueran más allá que de la práctica por afición. En su caso, dedica un par de días a la semana a jugar al bádminton, ejercicio que le divierte, y otro par de días a nadar. Ya no le atrae la competición. «Me han propuesto nadar en categoría máster, pero ya no me apetece», admite.

«Salía todos los fines de semana a hacer fotos de setas»

Javier Pazos, casado y con cinco hijos de entre treinta y catorce años, pasa el tiempo de confinamiento en familia, jugando a juegos de mesa. Son seis en casa, la hija mayor, doctora en Biomedicina, se encuentra en Australia. «Es lo que toca, se hace y punto. Compramos una vez a la semana y va solo uno. Tengo perro y gato y no los saco. La perrita, Inu, es pequeña, se lo recogemos en casa y ya está», explica sobre cómo lleva esta situación a causa del coronavirus. Dedica también tiempo a trabajar desde casa, aunque por el problema sanitario todo esté mas parado.

Su gran afición son las setas. Su padre fue vicepresidente de la asociación Os Cogordos, de la que Javier Pazos es miembro desde hace tres décadas. «Salía todos los fines de semana, más que a coger, a hacer fotos. En verano se ven ejemplares, aunque el otoño es la época más fuerte. Todos el año se pueden encontrar cosas raras. Tengo microscopio y las plastifico. Ahora tengo más tiempo para ello. Es un mundo extenso», remarca.

Su rincón

Quién es. Javier Pazos nació en 1957 en Ourense. Fue nadador en los años 70 y ahora, empresario.  

Su rincón. Elige la zona del parque Miño, por el río. «Empecé nadando con amigos en el río. Me encantaba desde que empezaba el calor hasta octubre. Ahí pasé mi adolescencia y mi niñez. Subíamos los caños del río, cruzábamos nadando hasta Oira y bajábamos hasta lo que hoy es el centro comercial, que antes era campo y no había nada. Ahora ya no, está muy sucio y me gusta nadar en agua limpia».

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