Saber mirar

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

Una de mis mayores frustraciones es no tener los ojos claros. Entiendo que se debe a que es algo imposible de cambiar. No tengo los ojos azules. Ni verdes. Y no hay manera de que algún día sea así. Normalmente intento no pensar en ello, pero admito que cuando me cruzo a alguien por la calle que sí los tiene, no puedo evitarlo. Me acuerdo y me ataca una pena que así contada resulta estúpida, pero que además es insólita. Vivo con ello, claro, intentando hacer de unos corrientes iris marrones, unos ojos bonitos. El otro día alguien que no esperaba que lo hiciese los halagó y además de forma sincera, y aún por encima después de sacar a la luz mis ojeras -trabajo mucho y tengo una gran vida social-. Me hizo ilusión, especialmente porque llevo toda la vida abogando por la naturalidad como muestra implacable de amor propio. Porque no nos engañemos, el quererse a uno mismo como tal en el mundo en el que vivimos es tremendamente difícil, así que me basta con intentar convivir con lo que no puedo cambiar. Así llegamos al entroido. Esa época del año que da la posibilidad a muchos de transformarse en aquello que quisieran ser, tanto a través de un disfraz como de una actitud. Algo peligroso a la par que lamentable. Ourense es provincia de entroido por excelencia y este fin de semana nuestro rural, y la propia ciudad, se llenarán de tradiciones, de colores, de charangas, de grandes pandillas y de troula sin fin. Con un montón de cocidos y no solo encima de las mesas. Por eso recordemos que, con o sin disfraz, aquí hemos venido a ser felices y a compartir una de nuestras mayores fiestas. Y que la importancia de los ojos está en saber mirar.